─Esos días nosotros estamos en Castro Urdiales ─me dijo.
Maquinamos no decirle nada a mis hermanas y nos plantamos en Sondika. El punto clave era la Alhóndiga y la hora, las cinco.
'Vamos cincuenta metros por detrás', me dijo por WhatsApp.
Yo mantenía la conversación con Raquel, Fran entretenía a Mónica.
'Entra por aquí', le escribí, 'nosotros lo haremos por el otro lado'.
─Qué sitio más chulo ─comentaba Mónica, siempre reacia a viajar, pero la más entusiasta cuando lo hace.
Rodeamos el parque de columnas, les hice mirar la piscina colgada del techo, el juego de luces en el hall central.
─¡¡¡Ah!!! ─gritó mi hermana─. ¡Si es el tío Yiyi! ─exclamó─. Pero ¡qué casualidad!
Nos gusta jugar a emocionar.
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