La lucha, a veces, es contra la tele. Mientras que uno pone la mesa y el otro termina de preparar la ensalada, suena el telediario, que nos va provocando paraditas para ver la última barbaridad de Trump o los insultos cruzados en el Congreso.
El caso es que nos sentamos y, en algunas ocasiones, se nos olvida apagarla. Y comemos hipnotizados, sin mirarnos.
Cuando uno de los dos cae, toma el mando y deja la casa en silencio.
Es cuando empezamos a disfrutar.
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