Teníamos un amigo en el País Vasco del que me acuerdo cada vez que lo imito.
Fueron tantos años de amistad que se me pegó un tic sonoro que él utilizaba cuando nos enfrentábamos a alguna situación esperpéntica, de estas en las que una persona te cuenta una milonga.
Entonces él soltaba un 'uuuuuuuuuu' bajito, agudo y casi infinito.
Gentes tan incoherentes que me obligan a soltar ese ruido, como el de una olla a presión muy caliente, para evitar que explote:
—Uuuuuuuuuuuuuu...
Fran me escucha y se muere de la risa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario