Iba a un fisioterapeuta que me trataba cada mes sin tener nada concreto que arreglar.
Me observaba, me tocaba, me hacía moverme, estirar, agacharme y se ponía manos a la obra.
—Salva, con las piernas estiradas, intenta tocarte los pies.
Difícilmente llegaba más allá de la rodilla.
Entonces me hacía apretar fuerte, con los dientes, un boli bic. Volvía a repetir y llegaba casi al suelo con la punta de mis dedos.
—Vamos a desbloquear esa mandíbula.
Y se ponía a ello.
Hay días que busco bolis para masticar.
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