Me ofreció un caramelo de camino a Atocha.
—Es sin azúcar y está riquísimo.
Se lo acepté por no hacerle el feo.
Me preguntó si le gustaba la emisora de radio que estaba escuchando o si prefería otra, o apagarla.
—Está bien así.
Reventado tras una jornada maratoniana de reuniones, solo quería tomar el AVE para llegar a Sevilla a la hora de cenar.
—¿Se encuentra usted cómodo? —insistió el taxista.
—Mucho.
Se interesó por mi trabajo, por mi destino. Por la Feria de abril cuando le dije que iba a Sevilla.
Me deseó un buen viaje en cuanto llegamos a la estación.
—No cambie —le dije—, da gusto encontrar a personas como usted.
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