─Mira, reluciente ─me dijo la camarera que me solucionó el manchurrón de tomate en el pantalón─. Vete ahora al baño y pon la pierna bajo el secador.
Así que ya siempre tenemos una botella en la nevera.
Recién llegado a casa del trabajo, esta semana, le pregunté a Fran por una camisa que no encontraba.
─¿La de la mancha? ─me preguntó.
─¿Cómo sabes que...?
─Pues porque me la encontré chorreando sobre la silla con una botella de Casera abierta en medio de la mesa.
─Ahá.
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