Antes de la cena, en un patio del Alcázar, coincidí con un amigo a quien quiero mucho.
─¿Nos tomamos algo cuando termine el acto? ─le propuse.
─No puedo, Salva. Mañana entro a trabajar a las 7h.
Yo le dije que llevo más de treinta años entrando a esa hora.
─¿Y cómo lo consigues? ─me preguntó.
─Pues poniendo el despertador.
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