miércoles, agosto 01, 2012

La ventanilla

El pasado verano, el día menos apropiado y de más calor, se me descolgó la ventanilla del coche. El arreglo es sencillo siempre que se tenga tiempo y exista el repuesto en el taller al que lo lleves. Como no era el caso porque salíamos hacia San Sebastián, nos hicieron un apaño colocándonos un tablón de madera para sostener la ventana.

En el viaje lo pasamos tan bien que el tema de la avería se nos olvidó rápido. Tan sólo molestaba cuando teníamos que entrar en el parking de nuestro amigo Txema, muy estrecho y empinado, lo que obligaba a hacer contorsiones para salir del coche y que éste no se calara al arrancar.

Las risas vinieron en los peajes, cuando decidimos pasearnos el sur de Francia. En cada estación yo hacía la misma maniobra, me adelantaba a la zona del cobrador, que me miraba extrañado, me levantaba y le daba el dinero dándole una explicación de la avería de mi ventanilla.

'Están buscando el repuesto'.

Fran y Carmela, mis compañeros de viaje, se partían de risa y me imitaban a cada parada en cada peaje, y en Francia hay muchos.

Soy así desde pequeño, cuando algo resulta extraño doy explicaciones, aunque la cajera del peaje pueda pensar:

'¿Y a mí que me cuentas?'

No podría colarme en un sitio, irme sin pagar de un bar, entrar en una fiesta sin haber sido invitado, meterme en casa de nadie de quien no esté yo seguro que le agrade mi presencia.

Como yo sepa que algo no funciona, mi cuerpo no está tranquilo a no ser que dé explicaciones, aunque sea en un peaje.

2 comentarios:

carnet de manipulador de alimentos dijo...

si todo el mundo diera explicaciones significaría que todo el mundo es sano, como tu :)

Melvin dijo...

Tan sencillo como sentirse comprendido por los demás. El juez interior que nos asola inclemente, aunque en ocasiones, como en esta, resulte encantador y muy gracioso. Me sentí identificado contigo, Salvador. Un abrazo.