sábado, noviembre 24, 2012

Belleza

En su más amplio sentido, la belleza resulta un motor potente de vitalidad.

Es, entiendo, una cualidad estrictamente humana ésta de valorar la belleza en sí.

El hombre podría optar por construir edificios con el fin básico de habitarlos, puentes para atravesar ríos o ropa para protegerse del frío, sin embargo existen Venecias con puentes Rialtos y disfraces exquisitos por el puro vano placer de provocar armonía en nuestras retinas.

A mí se me pasan las horas delante del ordenador contemplando extractos de óperas que investigo por youtube. La magnificencia de una Madama Butterfly esperando el barco de su amor mientras suena el coro a boca chiusa de Puccini provoca en mí tal emoción que da, de por sí y sin más razones, sentido a mi vida.

Y la belleza no construida por el hombre: una cordillera andina, una playa de arena fina al atardecer, la visión de un cielo estrellado en una noche sin luces en medio de ninguna parte. ¡Cómo no sentirse vivo simplemente de observar!

La más pura, cristalina y perversa de las bellezas nos la proporciona, sin embargo, el propio cuerpo humano. El cuerpo y la cara que nos embelesa, nos seduce, condiciona y revuelca por el simple hecho de su simetría, sus formas y colores.

Juntar belleza y ser humano es mezclar ingredientes que se buscan y autodestruyen.

Cuando sientes el secuestro de la belleza humana, del hombre y la mujer, estás perdido y no eres capaz de discernir qué parte de ella mueve el mundo, qué parte de ella es sana y cuál es pérfida porque tras de esa belleza ya no hay un puente, una montaña o una melodía, sino el mismo ser que ha inventado el propio concepto de lo hermoso.

2 comentarios:

Las Cosas dijo...

Muy bonito

Anónimo dijo...

Casa cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla. Gracias por recordarnos que todos tenemos esa sensibilidad que hay que vivirla dia a dia.