lunes, diciembre 03, 2012

Einstein

Hay noticias que cabrean, otras que alegran, pero hay algunas que despistan.

A mí me jode enterarme que el cerebro de Einstein era especialmente grande y con más nudos neuronales que uno de andar por casa. Hablo en pasado no sólo porque ese órgano tan reputado esté ya muerto, sino porque se encargaron hace décadas de descomponerlo en múltiples trozos para ser analizado en distintos laboratorios repartidos por todo el mundo.

Y me mosquea porque es una noticia desalentadora, ya que aunque sea razonable pensar que la inteligencia no sea un don con el que todo el mundo nace, sí que en cierta forma tenemos la esperanza de que el esfuerzo sea un factor a tener en cuenta cuando pensamos en la preparación de una persona sabia.

Que Einstein tuviera un cerebro fuera de lo normal desde pequeñillo lo pone a la altura de Rocco Siffredi, aunque estemos hablando de otro miembro del cuerpo como base de una vida exitosa.

Romper la alianza entre el empeño por aprender y la sabiduría desmotiva, aunque a mi edad ya no confíe en llegar mucho más lejos, pero sí es cierto que me gusta idealizar la capacidad de una persona para hacerse a sí misma.

Ese estudio pone tan en carne viva la relación entre lo físico y lo mental, algo que no dudo que sea cierto, que viene a resultar contradictorio como análisis.

El hombre, alcanzando las mayores cotas de inteligencia en sus experimentaciones viene a demostrar que una inteligencia excepcional no es más que un puñado de surcos y crestas en lóbulos craneales mejor formados que la media.

El científico sublime descubre la propia pequeñez y arbitrariedad de su extrema inteligencia. Al asomarse al microscopio de su cerebro atraviesa el abismo de sentir que todo lo que sabe no es más que producto de un afortunado cruce de cromosomas del que es complicado presumir.

Seguro que habrá muchos cerebros de la calidad del de Einstein viajando por el mundo desaprovechados, pero también es cierto que muchos sacrificados pensadores nunca llegarían a confirmar su propia grandeza al no haber nacido bien dotados.

Y quizás Rocco Siffredi se lo haya pasado mejor en vida con sus atributos que Einstein con los suyos.

O no.

1 comentario:

Alforte dijo...

Hace días también me sorprendió leer en El País la noticia sobre el estudio y tamaño del cerebro de Einstein, encuentro muy interesante tu reflexión; pero independientemente de los factores meramente físicos aún sigo creyendo que la voluntad es lo más importante.
Bsote