sábado, noviembre 03, 2012

SMS

Soy de las personas a las que les quema el teléfono en los oídos.

Celoso de mi intimidad y hasta cierto punto asocial en lo que se refiere a la selección de los momentos, me resulta tremendamente invasivo el hecho mayoritariamente consentido de la utilización del teléfono móvil como tal, como generador de llamadas a las que alguien debe dar respuesta al otro lado, sobre todo cuando es por el simple hecho de charlar.

Me gustan las conversaciones frente a frente.

Recuerdo como si fuera ayer la primera sensación impactante que suponía la posesión de ese aparato. Iba paseando, a solas, por las playas vírgenes de la costa de Cádiz, aquéllas en las que uno puede llegar casi a perderse de todo edificio y seña de civilización. Recibí una llamada de mi amiga Bárbara y le hice partícipe de mi emoción. Podía acompañarme en ese paseo playero compartiendo durante un rato nuestras historias.

Era mágico y, como todo gran avance de la tecnología, me imponía un respeto enorme por lo que suponía de progreso, de cambio en nuestras costumbres.

Todo paso adelante implica, sin embargo, desprenderse de otras libertades. A día de hoy recibes llamadas en cualquier sitio, sabes quién ha intentado contactar contigo y debes buscar explicaciones, a veces falsas, para justificar el no haber respondido o devuelto la llamada. Es más, si respondes te puedes ver abocado a hablar de trabajo en una cena romántica, de enfados familiares en una reunión de trabajo o de viajes al Caribe en un atasco de tráfico.

Y muchas veces hablar por hablar de nada.

Soy arisco para el móvil en su función de teléfono porque invade mis tiempos, mis silencios y me obliga a retratar mi realidad sin yo quererlo.

Los mensajes, en cambio, son la cara amable, a mi parecer, de este invento, tan reciente a pesar de que parezca que haya existido durante toda nuestra vida.

Enviar un SMS es más educado, limpio, respetuoso. Es un decir 'pienso en ti', 'aquí estoy yo', 'tómate tu tiempo'.

Si antes recibía pocas llamadas... ahora recibiré ninguna.

3 comentarios:

Alforte dijo...

Yo también tengo una relación particular con el móvil, filtro las llamadas; pero puestos a comunicarme soy más de llamar y escuchar a la persona que un impersonal sms.
Tu entrada me ha recordaddo cuando en el año 1995 comenzaban a aparecer esos enormes terminales móviles y algunos presumían de ellos haciendo que mantenían una conversación telefónica en la pista de baile al ritmo de la ensordecedora música .
Bsote

Argax dijo...

Pues aquí otro al que al móvil le da bocados.
Entiendo perfectamente lo que comentas. Al principio intentaba satisfacer a mis llamantes, ahora raro es el día en que no dejo de coger alguna llamada. Los que me conocen ya no se molestan, pero siempre que alguien que no es muy cercano debe llamarme y no lo cojo, después, al vernos, siempre tengo que ver la extrañeza en su cara cuando le digo que no se lo cogí porque no era el momento de hacerlo.
Es el gran inconveniente de las tecnologías de la comunicación, hacen que tengamos que justificar nuestras vidas ante cualquiera.

Una de las cosas que más me enervan es hacerme el hueco en el sillón moviendo el culete para hacer ese agujero que después me atrapará, preparar la libreta y la pluma, a lo mejor un té y abrir el libro y de repente, el móvil se vuelve loco. Pero vamos que con apagarlo y tirarlo al sofá más lejano...

Anónimo dijo...

Sinceramente, a veces, pienso que no estamos éticamente preparados para este gran avance tecnológico que fue, que es, la telefonía móvil. Si porque resulta que si tu, siendo normalmente educado, te acercas a dos personas que están hablando entre si y quieres comentar algo con alguna de ellas esperas a una pausa , a que terminen, o a que te pregunten. Pero imagina que quieres que te atiendan rápido: solo tienes que tomar tu móvil, llamarlo, y automáticamente en el 90% de los casos interrumpirá la conversación para atender la llamada. Así de fácil.
No estoy totalmente de acuerdo contigo en que los SMS son la cara amable …¡depende!...¿de que depende?. pues de que tengas buena vista, de que tengas un buen aparato y puedas escribir en él como si de un ordenata se tratara…yo..por ejemplo tengo a veces que contestar SMSes casi tan largos como esta entrada mía con cosas como Ok, VALE, ¡AH!, y al final dado que tu interlocutor posee un pepino de aparato e insiste en redactarte “El Quijote”, terminas llamándolo e interrumpiendo lo que sea que esté haciendo, o él es el que te llama con preguntas como: ¿que me has querido decir con eso de ¡ah!?. La solución: cómprate un pepino mas avanzado y entra en la rueda consumista..¡ya tengo el “sifóne” 5 ..¿cuando vas a deshacerte de esa antigualla del “galaxi” nosecuantos? (para algunos esto es el símbolo de estar al día)
Y para que entrar en el terrorismo practicado contra el lenguaje escrito desde este tipo de mensajería (hay quien dice que esto es evolución del idioma).
Yo me declaro partidario de la LLAMADA PERDIDA. Ya te llamo cuando esté en disposición de hablar contigo como tu te mereces amigo, compañero o lo que quiera que seas. Tiene sus riesgos. Esto me ha costado alguna que otra ruptura. Pero si un tío/a no entiende esto, es que es sospechoso de no merecerte como amigo. Otra cosa es que mezclemos el uso de este avance entre el mundo laboral y el personal, con lo cual a veces hasta podríamos estar tratando a nuestro padre como a un socio del negocio, como a un cliente o como a un acreedor.
Yo estoy muy de acuerdo con una frase que leí por ahí , dice algo así como: “ las nuevas tecnologías de la comunicación terminan acercándonos a los que tenemos lejos, pero alejándonos de los que tenemos cerca”.
Disculpen el tocho
Saludos Montgeron