lunes, noviembre 05, 2012

Dolor

En un almuerzo de trabajo, un compañero que venía de enterrar, pocos días antes, a su hermana tras sufrir un cáncer terminal, razonaba en términos duros a la vez que sensatos: Llegados a una edad tenemos que aprender a vivir con el dolor.

En su caso se refería al dolor físico, porque hablábamos de malas posturas en el trabajo y molestias cervicales, pero sus palabras traslucían un sentido más amplio de lo que entendemos por dolencias, más allá de definiciones.

Hablar de determinados temas puede resultar desagradable, pero ocultar la realidad a veces consume nuestro interior más que hacer frente a nuestros miedos.

Con los años vamos comprendiendo tanto la fragilidad de nuestro cuerpo, transparentando achaques más o menos asumibles que irán yendo a más, como la desazón que van produciendo en nosotros los sinsabores y padeceres de la gente que queremos, de nosotros mismos.

Asumir vivir con el dolor, cuando éste es ineludible, es una forma de combatirlo.

No entendí su teoría como una llamada a la derrota ni una bajada de brazos, sino como una forma inteligente para ser menos frágil, acrecentando nuestra capacidad para disfrutar de nuestra vida.

Es humano sufrir y humano reconocerlo.

Si cuando nos vamos a dar un porrazo colocamos el cuerpo en buena posición y relajamos músculos tal vez sea menor el destrozo que si queremos ignorar los golpes mirando hacia otro lado.

Vivir es, mal que nos pese, adaptarse.

1 comentario:

Alforte dijo...

Tu última reflexión me recuerda una definición de Piaget, decía que la inteligencia era saber adaptarse al medio.
Bsote