viernes, octubre 05, 2012

Ceuta

Hay un juego, divertido y arriesgado al mismo tiempo, que consiste en simular lo que no eres para defender una idea.

Es necesario reaccionar rápido para cortar la jugada y pedir disculpas, si fuese necesario, en caso de que la estrategia derrape, porque no va más allá de la provocación bienintencionada.

Veamos, alguien que no te conoce lo suficiente empieza a echar espuma por la boca hablando de los catalanes, entonces intervienes con humildad para decir:

-Perdona que te interrumpa, es que soy catalán.

La reacción inmediata de aquel que argumenta suele ser de sofoco, seguido de alguna disculpa. Si inmediatamente corriges:

-Era broma, perdona.

Te lanza rayos entonces con la mirada, pero de golpe las bases de su discurso se les vienen abajo.

Esa persona, evidentemente, no puede ser un amigo íntimo que sepa de tu vida, familia, pensamiento político y procedencia. De ahí lo arriesgado del juego.

Tiene muchas modalidades, pero suele resultar muy efectiva. Vale para combatir los ataques a otras nacionalidades (mi padre es francés),  a otras ideas políticas (soy militante comunista), a diferentes tendencias sexuales (en mi casa todos somos gays),  o a enfermedades malditas (tengo SIDA desde hace veinte años), a religiones vilipendiadas (yo me convertí al islam), a ataques fascistas (mi pareja es sudaca), argumentos falaces (soy transexual), clasistas (soy barrendero), generalistas (mi hermano es guardia civil) o xenófobos (mi familia es gitana).

La gente con mente estrecha suele estar poco viajada, su círculo de amistades es normal que sea reducido y homogéneo, acostumbran a asustarse con historias que no han tenido el coraje de experimentar y critican con acidez sus propias frustraciones.

Lo ideal es cuando esa jugada surge de forma auténtica, que es cuando da todo su fruto.

Recuerdo una noche en la Alameda con, entre otros, mi amigo Helio. Llegó un chaval acelerado, no sé amigo de quien era. Sin saber de nosotros más que el hecho de tener alguna amistad en común, comenzó a explicarnos su día de trabajo. El chaval era escaparatista y venía de currar en Ceuta.

-No he visto una ciudad más fea, llena de moros, sucia, ruidosa. No hay un sitio donde tomarse nada tranquilo, la gente es cateta, visten mal. Son antipáticos...

Mi amigo Helio, ceutí y tranquilo como él solo, le interrumpió.

-Yo soy de Ceuta.

El tipo frenó en seco y, al menos, reaccionó con inteligencia.

-¡¡¡Pero el centro de Ceuta es maravilloso!!!

1 comentario:

Las Cosas dijo...

Me pasa cuando se mofan de los que van al psicologo... Es triste oir vapuleos gratuitos... Por cierto: Helio, con tranquilidad, sí, pero encima, con su radiofónica voz... Tuvo el escaparatista una prueba dificil que superar... Y lo hizo... ¡!