miércoles, octubre 10, 2012

Ego

Cada vez estoy más convencido que el progreso humano, en lo social y en lo personal, debe venir de la mano de la autocrítica.

El hombre es especialista en ver fuera de sí todas las causas de sus males. El Universo entero está conjurado contra cada uno de nosotros haciéndonos la vida imposible. Pecamos precisamente de exceso de ego, de creernos el centro de la Galaxia a base de tomarnos en serio nuestras propias mentiras.

No hay nada más sano que la visión interior, la autocrítica, tratando de encontrar en nosotros qué hay de perfeccionable, cuánto de miedos irracionales y de orgullo mal entendido. La humildad es la mejor de las medicinas, la palanca perfecta para evolucionar.

Uno gana en credibilidad cuando es capaz de mostrar sus carencias sin tapujos; actitud contagiosa, por otro lado. Cuando abres el corazón a una persona de bien, ésta tiende a mimetizar el comportamiento y a rebuscar en sus entrañas lo mejor de sí mismo.

La humildad, sin embargo, no debe estar reñida con la ambición de progresar ni impide la consecución de proyectos difíciles.

Lo veo tan claro que a veces me desespera la incapacidad que demuestran los pueblos para entenderse, a base de pensar que el mal y la podredumbre están en el otro.

La falta de humildad implica falta de sensibilidad y, por tanto, radicalismo. Cuando uno se cree en la posesión de la verdad es incapaz de entender al otro, se atrinchera en su propio adoctrinamiento y dispara con fuego a quien quiera entrar a discutir sus argumentos.

En este momento convulso que vive España, mi querido país, se acentúan esas actitudes soberbias: Nadie quiere comprender al otro, todos los males se han creado contra cada uno de nosotros, centros minúsculos de grandes universos inventados.

1 comentario:

Melvin dijo...

Es incomprensible que seamos tan incapacitados. Después de la experiencia, del sufrimiento del pasado, uno se sienta y siente que en nada hemos cambiado, que seguimos siendo dos realidades enfrentadas que no quieren doblegarse. Es triste ser parte de esta decadencia. Un besote.