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lunes, agosto 13, 2012

La familia No-Tocar

Es extraño que perteneciendo a una familia que se siente tan a gusto de serlo, en que hemos sido tan queridos desde pequeños, donde los cuatro hermanos nos hemos tenido siempre y en la que nuestro amor por nuestros padres ha sido tan de verdad y tan profundo, seamos tan ariscos.

Ya a mis hermanas, algo mayores que yo, les llamaban en su pandilla las 'sin-tocar', no por connotaciones sexuales, sino por su poca predisposición a la caricia, el abrazo o los besos entre amigos.

Parecemos suecos.

Se supone que uno se forma como persona con lo vivido desde muy pequeño, período que no puedo más que considerar como tremendamente feliz. Recuerdo el beso de mi madre cada noche, tras darse un paseo por cada habitación, o lanzarme dando un salto encima de mi padre cada vez que venía del trabajo.

El caso es que nos vemos, a estas alturas, y aún somos reacios a darnos besos, como si costaran caros o nos fuéramos a desgastar.

No sé cómo interviene la genética para construirnos así, tan distintos en lo esencial pero tan parecidos en los gestos, las manías, las reacciones y las miradas.

Veo a Iván, tan pequeñillo, y ya aprecio ciertos achaques característicos de familia 'No-Tocar'.

Siempre estamos dispuestos a una charla, un paseo, una cerveza, somos tremendamente fáciles para quedar cuando se nos solicita... pero, eso sí, sin tocar.

1 comentario:

Reyes dijo...

Jajaj eso en mi familia pasa también,creo que tenemos un gen japonés.
Ayer abracé a mi madre cuando le regalé un disco y mi hermano se nos quedó mirando como si acabara de caernos el cometa halley en la cabeza,porque nunca lo hemos hecho,creo que fue por las 2 cervezas que me había tomado.
Habrá que reeducarse,tocar a los que te quieren y quieres es bonito.
Besos.