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salvador-navarro.com

jueves, octubre 31, 2024

Ruido

Cuando me viene a la cabeza alguna de mis meteduras de pata, que son habituales, me pongo a cantar.

Suele ser al estar a solas, mientras me hago unos huevos revueltos o me achicharro con el agua de la ducha. Me viene la imagen de mí mismo diciendo lo que no debía y salta un tarareo de mi boca.

De mí, que no sé cantar.

Es una reacción instintiva del cuerpo ante los castigos de la mente. Aunque esté sin nadie más en casa, me entra la vergüenza y, tachán, me pongo a cantar.

¿Cómo pude decirle eso?

martes, octubre 29, 2024

Ibis

Las frecuentísimas tardes de hotel en un polígono industrial al norte de Madrid son balsámicas, pese a no ver desde mi ventana más que una horrorosa nave de logística desde donde salen camiones hacia cualquiera sabe dónde.

Trato de no reprocharme el no bajar a Gran Vía al dejar el ordenador en la habitación, pero me puede la morriña de la cama y el sueño se convierte en holgazanería hasta acabar como ahora, sentado frente a la salida de las mercancías, espiando, a través de mi ventana, a los últimos trabajadores que fichan el cierre de una jornada más.

Podría darme latigazos diciéndome lo duro que es levantarme a horas indecentes y acabar con mis huesos, desfondado, en la habitación de un hotel rodeado de autopistas que no permiten un mínimo paseo, pero no me quejo porque soy un disfrutón.

Disfrutón del regalo de tener un buen empleo, de saber que el amor llena mi corazón, de poseer estas tardes anónimas, solitarias, en medio de ninguna parte, donde puedo dar rienda suelta a mi imaginación espiando camiones que van de aquí para allá, haciendo ruido, moviendo el mundo, como fantasmas centinelas de un polígono carente de la belleza de las cosas.

La frase

Me ocurre a menudo, que tengo tan claro lo que quiero decir, que no termino de cerrarlo.

—Ya una vez que estemos allí lo...

Mi añorada amiga Montse siempre me decía,

—Ay, Salva, ¡termina la frase!

Se me va el santo al cielo antes de hacerlo.

—Pero si tú sabes lo mucho que yo te...

Hay veces, pienso, que mi mente lo hace adrede, porque añora tanto la regañina de Montse que me deja con la última palabra en la boca, para que aparezca mi añorada amiga y me grite,

—¡Ay, Salva!

Siempre ella está en mí.

lunes, octubre 28, 2024

Elisaka

Puede parecer exagerado, pero de entre los episodios más bonitos de mi vida está uno del que no soy más que un personaje secundario.

Nos conocimos siendo adolescentes y ellas dos se querían, se cuidaban y se divertían como hermanas. Estudiantes universitarias en Sevilla, venidas de Huelva, tuve la suerte de cruzarme en su camino cuando yo apenas salía de mi caparazón.

Quiso el destino que una de ellas se enamorase de mí y yo tuviese que desaparecer, sin embargo, en la distancia, las seguí, hasta que un día comprendí que se habían distanciado para siempre.

Treinta años después de su ruptura, tras muchos intentos por mi parte, conseguí provocar el reencuentro de ellas dos.. Fue en mi casa, fue una cena, fue un abrazo imborrable entre las dos.

Ahora vuelven a quererse, a cuidarse, a divertirse.

No sé si volveré a sentir de nuevo en mi vida una felicidad tan pura como ese abrazo que provoqué.

sábado, octubre 26, 2024

Salgados

Me gusta tanto hacer el camino entre Armaçao de Pera y Galé, atravesando un parque natural en plena costa portuguesa, que lo utilizo como terapia, el imaginarlo, cuando el estrés me coge por la garganta en los días duros de trabajo.

Son varios kilómetros sin apenas nadie, entre dunas, lagunas, pinos e higueras, perdido entre cantos de pájaros y el soplo de la brisa del Algarve. 

Me encanta recorrerlo al atardecer, así que suelo llegar  a la otra punta del camino cuando el sol ya se ha puesto.

De tantas veces que lo he tomado, Fran ha calculado el tiempo justo para llegar con el coche allí, unos minutos antes de que yo termine el paseo. 

Es entonces el momento en el que aparece con sus brazos desplegados al final del camino, viniendo hacia mí, justo cuando visualizo, exhausto, los primeros edificios que me conectan de nuevo con la civilización.

Yo abro los brazos igual de grandes, nos da igual quien nos mire, hasta llegar a él y fundirnos en un abrazo, de esos de llevarnos una vida sin vernos.


viernes, octubre 25, 2024

Iván

Mi querido sobrino Iván ha terminado sus estudios de informática y conseguido sus certificados de inglés, así que le toca encontrar un trabajo con el que trazar su futuro, que se presenta esperanzador.

Estos días le lancé el primer reto profesional, darle un meneo a la página web donde está todo el contenido relacionado con mis novelas.

—Quiero que, cuando la gente la vea, digan ¡Guau!

Le he prometido que seré muy exigente y le he aclarado que, al mismo tiempo, confío plenamente en él. Que no quiero decirle cómo tiene que quedar, sino que confío en lo que él me pueda proponer. 

Se pone colorado cuando le hablo con ese tono, pero a todo me dice que sí.

Os invito a visitarla ahora, www.salvador-navarro.com, antes de que Iván le meta mano y consiga entregarme la mejor web de un escritor de todo el mundo mundial.

jueves, octubre 24, 2024

Chunga

¿Hasta dónde debe llegar la empatía cuando te cruzas con gente chunga?

Siempre está la bella persona que te hace el listado de las razones por las que esa persona es así de insoportable e incluso puedes acabar por darle la razón. 

Sí, cierto, tiene tras de sí una carga emocional que la ha convertido en la persona insufrible que es hoy.

¿Cuál es nuestro rol? ¿Hasta qué punto tenemos que soportar a quienes ya se volvieron un engorro?

Hay días en los que pienso que somos demasiado benévolos con aquellos que van por la vida haciendo daño, hay otros en los que imagino qué hubiera sido de mí de haber vivido en su piel.

La respuesta cierta no es ni una ni otra, sino el hecho en sí de preguntártela.

Tiempo

No me da tiempo.

Es una frase torpe. A mí me lo parece. Cuando la escucho de alguien que conozco me suele incomodar, porque sé que no es cierta.

Siempre hay tiempo.

Son muchos los enredos en los que los humanos nos metemos, más aun si se tienen niños o padres que cuidar, si se encadenan varios trabajos, si cada día pasas dos horas en atascos, si tienes que cocinar, que planchar, que hacer la compra.

Pero siempre hay tiempo.

¿Qué sería de mí si no tuviera tiempo para ti?

martes, octubre 22, 2024

Juventud

Me recorre desde los treinta años la sensación de que me hice joven tarde, de que empecé a disfrutarlo cuando otros terminaban de serlo.

Mi espíritu siempre luminoso me hace tomarlo como una ventaja, pese a la desazón, porque ataqué esa época de descubrir el sexo, las juergas, la aventura de sentirme vivo con las armas de un trabajo fijo, un cuerpo ya hecho y un lugar propio donde dormir.

Sin embargo, muy para mí, sé que me robaron esa parte de mi vida, la de los ventitantos, la de compartir el descubrimiento del mundo junto a los amigos, la de enamorarme hasta las cejas y ser correspondido, la de cantar a los cuatro vientos que era feliz, porque nunca lo era.

Atravesé el túnel, sí, mientras la vida corría a mi lado y yo la observaba desde mi ventana, tomé las fuerzas para no caer, como tantos sí lo hicieron, y poder decirme a mí mismo que nadie escribiría mi futuro.

Tardé quince años en quitarme la carga de la culpabilidad por algo que no había cometido.

Descubrir la homosexualidad en los tiempos de mi adolescencia fue perder una juventud que ya nadie me devuelve.

La homofobia es el horror, creedme.

lunes, octubre 21, 2024

Ochoa

Siempre terminábamos allí cuando íbamos de compras por el centro.

¿Un carmen en el Ochoa?

A mi madre le volvía loca esa copa chata de metal donde nos colocaban bolas de helado adornadas con caramelo, servidas por camareros uniformados, en la más clásica de las confiterías de Sevilla.

Dejábamos las bolsas colgadas en la barra y nos apostábamos allí, hasta buscar con la cucharilla el último rastro de nata.

En esta media vida sin ella, cada vez que paso por la calle Sierpes miro de reojo a la confitería. Ya no quedará nadie de entonces, quién sabe si siguen sirviendo cármenes con caramelo, ni si habrá madres golosas que lleven a sus niños a asomarse al placer de los momentos que se van para siempre.

Sudor

Participaba en un congreso sobre reciclaje de baterías y un joven del equipo organizador nos explicó las cuatro claves para un trabajo en grupo que nos proponían realizar.

Ese chaval estaba fuera de lugar.

Lo sé porque he estado ahí, en ese sitio al que no pertenecemos, allí donde nos lleva la vida sin nosotros querer, entre personas que no nos interesan, ejerciendo un papel que no nos corresponde, deseando que pasen las horas para recuperar el terreno propio, extraño, forzado, infeliz.

Cuando terminó de darnos las instrucciones, cruzó la mirada conmigo.

Descubrió que yo lo descubrí.

domingo, octubre 20, 2024

Qué dirán

Qué marcados estamos por el qué dirán, aunque pensemos que no.

Mofarse del diferente lo hemos mamado desde la escuela y esas burlas nos han encorsetado en no traspasar determinadas fronteras, más allá de las cuales está mal visto que te muevas.

Liberarse es una terapia enriquecedora, porque a nadie le importa un comino si vas o vienes, si te vistes así o de aquella manera, si gastas tu dinero en esto o en lo otro.

El censurador, mal que nos pese, está en nosotros mismos, las restricciones nos la ponemos nosotros, el temor al qué dirán no es sino un miedo interno a ser más libres.

Hola

Mañana esplendorosa de un domingo otoñal en Sevilla.

—¿Te apetece una ensalada de bacalao?

A Fran se le encendieron los ojos.

—¡Claro que sí!

Los dos sabíamos de qué lugar hablábamos, en una de las placitas más coquetas del centro de la ciudad, escondida, donde hemos celebrado tantas tertulias con amigos.

Nos adentramos en la penumbra del local para pedir una mesa en la terraza.

—Hola —saludamos.

Ninguna de las tres chicas nos respondió. A ninguna conocíamos de otras veces.

—¿Queréis una mesa fuera? —preguntó, por fin, una de ellas, con cara de cuerno.

Nos sentamos, nos miramos y nos entendimos.

—Vámonos de aquí.

El paseo se volvió aun más liviano. Me hace mucho bien no tragarme sapos que no tengo por qué aguantar.


viernes, octubre 18, 2024

Maricón

Unos alumnos de una universidad privada de Navarra se lanzan detrás del ministro del Interior, Grande-Marlaska, al grito de 'maricón'. Sí, en una universidad católica. ¿Es eso lo que transmitió el fundador de la institución? ¿Es ese el amor de Jesucristo?

Reconocido homosexual, fuera de consideraciones políticas, este hombre sufre en sus carnes lo que muchos hemos padecido durante toda nuestra vida, el odio de quienes se consideran 'normales'.

No hace mucho, a propósito de ese mismo ministro, un familiar mío, cercano, que conoce de primera mano mi sexualidad, mi relación con Fran, mi historia personal, me reenvió un mensaje al móvil que decía:

'Marlaska, dimisión por maricón'.

Me entró un escalofrío por el cuerpo. ¿Se puede ser más torpe?

jueves, octubre 17, 2024

Vidrio

Cada vez que tiro las botellas en el contenedor de vidrio, miro a la ventana que está justo encima y pienso en las maldiciones que estarán habituados a mascullar sus inquilinos cada vez que oyen la descarga de cristales rompiéndose entre sí.

Nadie está a salvo de que un día le coloquen uno igual bajo su ventana.

Entonces añorarás, con impotencia, los tiempos de las siestas infinitas, los despertares suaves provocados por la luz del amanecer, el ciclo armonioso de las cosas.


Huevo

Siempre me quedo corto a la hora de cascar el huevo.

Me gusta prepararme uno para desayunar y, a pesar de ese hábito diario, no consigo romperlo a la primera de forma limpia. Si decido aplicar más fuerza, reviento la yema y se me cae toda la cáscara sobre la sartén.

Así somos los humanos, hay quien nunca llega, quien siempre se pasa y el que consigue dejar impecable el huevo en el aceite hirviendo.

Me ocurre a menudo en el trato con las personas con las que no me llevo bien. O me quedo corto, frustrado por no saber defender mi espacio, o destrozo mi mal rollo contra su sartén.

lunes, octubre 14, 2024

Inteligencia artificial

Las redes sociales insisten en mostrarme cosas que me hacen dudar de la potencia de la inteligencia artificial.

Se supone que analiza mis gustos, almacena mis corazones, se queda con la copla de aquellos comentarios que hago y construye el perfil de la persona que soy para que, tras batir todo eso en su propia minipimer, me empiece a ofrecer estímulos que me hagan permanecer más tiempo conectado, desprotegido ante ofertas irrechazables de productos que acabaré comprando.

He de confesar que, en la mayoría de los casos, lo consigue.

Lo que ocurre es que, de vez en cuando, pega un petardazo y me muestra aplicaciones de citas con mujeres, discursos de gente casposa, manifiestos a favor de Donald Trump, grupos de chavalitos haciendo el indio y me digo, qué miedo quedar en manos de quien tiene inteligencia pero carece de mano izquierda.


domingo, octubre 13, 2024

Caries

Cuando eres pequeño no sabes relacionar un determinado dolor con una caries o una actitud hacia ti como una traición.

Los años van estableciendo esa conexión en la que distinguir dónde está el origen de cada malestar, lo que ayuda a poner a uno en alerta cuando siente ese picotazo desagradable y, de esa forma, establecer las barreras para evitar el daño en la medida de lo posible.

La vida se va volviendo un construir murallas contra los ataques que vienen y vendrán.

La clave está en entender que un exceso de precaución nos vuelve aún más vulnerables, que estar expuestos es un precio necesario a pagar si queremos tener el control de nuestras vidas.

El arte está en conseguir que los muros de defensa no tapen del todo el paisaje. 

Buddenbrook

Hay libros que llegan para quedarse en tu corazón, a los que puedes acudir cerrando los ojos o acercándote a las estanterías de tu librería. Un lugar calentito donde refugiarte cuando apetece reencontrarte con viejos conocidos.

A mí me ocurre con Los Buddenbrook. Viajo a su decadente casa de Lûbeck para ver si todo sigo igual, aún esperanzado con la posibilidad de que aparezca en la vida de la rebelde Tony su primer novio de juventud para sacarla de esa cuesta abajo en la que se metió por aceptar una boda de conveniencia.

Tengo la casa organizada en mi cabeza, los desayunos, las precenas, los conciertos de piano donde todos se miran, desconfiados, al calor de la chimenea.

Debo visitar Lûbeck.

¿A qué libro viajarías tú?

Médicos

Esta semana ha sido, por circunstancias, de cenas con médicos. Amigos y familiares de los que estoy orgulloso, con los que siempre aprendo.

En muchas ocasiones se disculpan por hablar de asuntos profesionales, cuando yo les incito a todo lo contrario, curioso como soy por saber acerca de cómo enfrentan el reto de luchar contra los rotos de la mala salud.

Lo que ocurre es que su conversación, incluso cuando no se impregna de temas sanitarios, está plagada de una visión del mundo que no tenemos quienes no estamos habituados a tratar a diario con la enfermedad.

En su forma de explicarse, en la manera de mirarte al hablar, en sus risas infantiles hay un toque de humanidad soterrado, desnudo de artificios, carente de tonterías, de lenguaje directo, pegado a la verdad de las cosas.

sábado, octubre 12, 2024

Pirámide

Mi larga experiencia profesional me permite concluir que, cuanto más alto se está en el escalafón, más puñaladas, sibilinas, se observan por metro cuadrado.

Así de triste.

Si vemos las empresas como pirámides, conforme se estrecha el espacio, al subir de altura, hace que los que han llegado hasta allí no se fíen del de al lado y pisoteen antes de verse pisoteados, siempre ansiando subir un escalón más.

Tengo compañeros formidables, que bien he cuidado de mantenerlos siempre a mi lado, lo que no evita, para mi desgracia, la crueldad de mi reflexión.

El ser humano se hace menos de fiar cuanto más poder tiene.

miércoles, octubre 09, 2024

Fotos

Me gustaría hacer fotos a personas que viven en su mundo, pero no quiero molestar.

Guardar para siempre la imagen que, de pronto, resume el significado de la soledad, del disfrute, del sofoco y no tener que forzar las neuronas para guardar un retrato que se difuminará con el tiempo.

Si les pidiera permiso, se rompería la magia del instante preciso.

Quizás por eso me guste dibujar con palabras esas situaciones cotidianas, de mi día a día, y así capturar, sin importunar a nadie, esos fogonazos mágicos del existir.

Nariz

Veníamos de dar un largo paseo por un parque, que no conocía, de Sevilla, en una zona muy humilde de la ciudad, cuando nos cruzamos con dos señoras de edad avanzada.

Una de ellas sacó un pañuelo de su bolsillo y se sonó al pasar a nuestro lado.

Me giré hacia Fran y le dije:

¿Lo has visto?

Él asintió.

Qué dolor de vida.

Sí, los dos habíamos visto su nariz deforme, morada como una berenjena. 

Tendría cerca de 80 años y toda una existencia sonándose con un pañuelo sin estar resfriada.

martes, octubre 08, 2024

Suecia

Los complejos se acaban cuando observas el mundo con atención y confirmas que nada hay en ti que merezca sentir vergüenza.

La otra noche, tras un día intenso, investigué una película en Netflix mientras Fran, ya tirado en el sofá, colocaba los cojines con ninguna intención de mantenerse despierto.

Así que me lancé por una película sueca.

¡Qué película más mala!

Tan mala era que no podía dejar de verla. Me dieron las dos de la mañana, con las orejas agotadas de tanto bajar el volumen.

—Bore, baja un puntito —me decía Fran cada vez que se daba, como una croqueta, una vuelta en el sofá.

Pensé entonces en las películas de Torrente, que nunca he visto, y me dije "Ya quisieran".

Cuento

La ejemplaridad es una palabra tremenda que es difícil de llenar con contenido.

Dejando a un lado al abuelo, no hay más que mirar a los hijos de la infanta Elena para darse cuenta de lo torpes que han sido históricamente los Borbones.

De habernos regido por una ley no machista, sería a Froilán a quien le correspondería heredar el trono de España, al rey de las discotecas y de los mojitos. Pero, de no haber sido él, le hubiera tocado en suerte a Victoria Federica, cuyo único oficio conocido, como bien relata Elvira Lindo, es vivir del cuento.

Un nuevo Fernando VII u otra Isabel II. 

Escuchando algunos audios uno entiende que no se criaron en un ambiente propicio para construir personalidades sanas, ya no digo ejemplares.

La única persona sin sangre azul de la familia es la última esperanza de nuestra monarquía.

domingo, octubre 06, 2024

Papá

Que mi padre fuese un tipo extrovertido fue una bendición en mi vida, diría que en la de los cuatro hermanos.

Porque podía haberse recluido en la esfera de dolor que siguió a su viudez tan temprana, pero no lo hizo. De haberse metido hacia dentro, quizás habría arrastrado a sus hijos detrás.

Él entendió que el mejor homenaje que podía hacer a su rubia era disfrutar los muchos años que le quedaban por vivir.

Lo que mi madre le pidió.

En multitud de ocasiones he recordado, y recuerdo, sus palabras acerca del dilema de afrontar los problemas desde el encierro en uno mismo, esas tardes en las que llamaba a la puerta de mi habitación, a oscuras, cerrada a cal y canto, y me decía:

Borete, te enfadas con el mundo y el mundo no se entera. No te recrees en tu dolor. 

miércoles, octubre 02, 2024

Cosquilleo

Hay situaciones en las que me digo, 'Borete, esto debe provocarte felicidad'.

Sí, escenas que identifico con emociones agradables, conversaciones, paseos, visitas, momentos en los que sé que soy especialista en disfrutar. Me miro desde fuera y me digo, 'ponte las pilas, esto es la vida, la buena, lo que te gusta, deléitate'.

Muchas veces ese tirón de orejas que me doy a mí mismo surte efecto. Otras, no.

No quiero perder a ese otro Borete, el que me observa con atención y cuida de mí, el que se ve a sí mismo con ojos generosos, el tipo atemporal que siempre vivió en mí, el que me menea, me anima, me consuela, me recuerda, cada día, todo lo bueno que hay en mí.

Trabajo

Renunciar a disfrutar en el trabajo es una estrategia equivocada, que acaba pagando tu salud mental.

Otra cosa es conseguirlo.

No hace mucho celebraba un éxito profesional, tras duros meses de trabajo en un proyecto complejo, y hubo quien dijo, con tono de reproche hacia mí:

Aún queda mucho por hacer.

¡Siempre queda mucho por hacer!

Disfrutar de las pequeñas victorias es lo mínimo que nos podemos regalar. 

El no

Estaba con mi queridísima Montse en el hall de mi hotel de Gran Vía a pocos minutos de cruzar al otro lado de la avenida para presentar 'El hombre que ya no soy' en la Casa del Libro madrileña, justo en el espacio que era el despacho de Ortega y Gasset en la capital.

Llovía como si se fuese a acabar el mundo y tuve un instante de vértigo, que compartí con ella.

Querría que me tragase la tierra.

Me podía la responsabilidad.

Anda, Salva, pero si eso para ti está chupado me dijo ella.

Siempre recordaré esa frase, porque ahí veo la clave del triunfo personal, independiente de si alcanzas tus metas o no. El no arredrarse.

Cada vez que me he tenido que enfrentar un reto he dicho que sí, a pesar de los sudores fríos y las inseguridades. Las veces en las que he tenido que elegir entre hacerlo o no hacerlo, elegí el sí.

Soy una persona de meterse en líos.

La vida está en el sí.


De vuelta

Me asusta la gente que está de vuelta de todo, esa a la que le da igual ocho que ochenta, porque, desde el momento en que la vida se la refanfinfla, son poco de fiar.

Hay que mantener, de forma consciente o no, una parte del niño que fuimos en nuestro interior, un sorbo de la inocencia con la que nacimos, un mínimo de confianza en el ser humano.

En el momento en el que dejas de creer en nadie, ya lo tienes todo dispuesto, incluso, para dejar de creer en ti. 

Y te vuelves venenoso.

Pistacho

Una feliz tarde de verano paseábamos en familia por Turín.

Había antojo de helado, así que entramos en un local clásico, donde quedaban tapados los colores y texturas tras tapas metálicas a modo de farmacia antigua.

Me decidí por el pistacho y continuamos el paseo.

No había caminado más de dos manzanas cuando me deshice de la tarrina en una papelera, tras apenas dos cucharadas. Ya había saciado mi capricho.

Hago igual, en lo posible, con todos los pecados que me tientan. Una Coca-cola, un croissant de chocolate, unas patatas fritas, unos churros. Me los pido muy de vez en cuando, los disfruto, en la dosis necesaria para satisfacer mi deseo, y me deshago de ellos sin necesidad de rematar.

Quiero cuidarme sin renuncias talibanes.