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miércoles, mayo 25, 2011

El Fugas

No sé de cuántas maneras me han llamado ya, pero esta pasada feria me han bautizado como El Fugas.

Será la edad, pero es cierto que soy, siempre, el primero en irme a casa cuando de salir por la noche se trata. Llega un momento concreto, tras la cena y mientras tomamos alguna copa, en que la felicidad para mí es irme a dormir.

Desde que viví en Francia tomé una afición especial a las cenas largas, en las que se charla de todo, tienes las orejas abiertas a que te cuenten y disfrutas de un buen vino. No hay cosa que me guste más que cenar pausadamente con mi pareja, con los amigos o la familia.

La afición española al cubateo nocturno, sin embargo, se me hace cansina. Cuando tengo el gintónic en la mano y veo que se lanzan a por la siguiente ronda, mi cuerpo no se deja seducir por el alcohol sino que me pide descanso. Un viejo, vaya.

Disfruto tanto con las mañanas de los fines de semana que me da pereza sólo el pensar en desperdiciarla por una mala resaca.

La gente que me quiere me va conociendo y sabe, eso espero, que cuando digo me voy no estoy diciendo subliminalmente que no esté feliz con ellos, sino que mis tiempos son diferentes.

Soy tan afortunado de tener a mi alrededor a gente que me quiere tanto, que necesito explicarles esto, que El Fugas se vaya a dormir no implica que El Fugas no se divierta.

lunes, mayo 23, 2011

Plásticos

La avaricia del hombre, omnipresente, se manifiesta mucho más rotunda cuando las cosas se le facilitan: siendo anónima y colectiva.

Me gustaría tener la capacidad intelectual para ver claro hasta qué punto somos marionetas.

Una cultura extendida en España nos ha educado a comprar nuestra vivienda. Parece que vivir de alquiler es tirar el dinero, y yo soy el primero que ha caído en esas redes envenenadoras.

El producto de todo esto ha sido por un lado tenernos lastrados con hipotecas que se comen un porcentaje enorme de nuestro sueldo, que puede llegar a ser escandaloso cuando los jefes monetarios suben los tipos de interés, y por otro lado un país que ha vivido ensimismado en unos crecimientos enormes a costa de ver cómo el oficio más soñado por los adolescentes era ser albañil o fontanero. Se llevaban los billetes calentitos a casa y estudiar se convertía en un sacrificio de torpes.

Desde fuera se nos veía como un pequeño país de nuevos ricos que iban directos al desolladero. Mientras todo era Jauja, esos anónimos invisibles acaparadores ponían su dinero aquí para alimentar más a la bestia. Más visas, más préstamos, más inversión en deuda española, que se crean estos pobrecitos que son algo mientras, como los albañiles de entonces pero no tan ingenuos, se llevaban con avaricia el maná que brotaba de nuestra tierra infestada de apartamentos en las costas y de inmigrantes latinos recogiendo la mierda que nosotros, con aires de grandeza, nos negábamos a recoger.

Ahora esa mano negra a la que llaman 'los mercados' se ha cansado de jugar en este tablero de monopoly llamado España. Ya nos han dejado secos y buscan sangre fresca. Y se ríen diciendo, ¡que trabajen más horas! o no te compro deuda, ¡que se jubilen más tarde! o no te presto dinero, ¡que ganen menos! para nosotros ganar más.

'Los mercados', ese anónimo (y muy humano, no son maquinitas) y colectivo depredador, va buscando dónde especular más.

Cuando llega una catástrofe de la naturaleza es cuando más disfrutan 'los mercados', entonces observan el panorama y cuenta los muertos para así, olfateando, decidir invertir en empresas especializadas en bolsas de plástico en las que envolver los cadáveres.

viernes, mayo 20, 2011

Votar

Siempre me ha podido el exceso de responsabilidad, incluso para las acciones colectivas.
Estamos presenciando estos días con atención el movimiento ciudadano de indignación que recorre las ciudades españolas. Se echaba de menos en nuestro país un espíritu más combativo ante las inquietudes sociales que nos acechan. Mi miedo, respecto a esta iniciativa ciudadana, es que acabe derivando en un impulso anárquico hacia imposibles.
Sería, en cambio, un triunfo el hecho de que este malestar general se tradujese en propuestas concretas, realizables; conseguir dar un salto de higiene colectiva en que España salga de su adormecimiento y tome medidas concretas que la canalicen hacia una sociedad más sana.
Concreto sería que se impidiese, por ley, que imputados en juicios por corrupción o financiación irregular se pudiesen presentar a las elecciones.
O que el voto fuese proporcional. No es normal que partidos con 2 millones de electores tengan 2 diputados y otros con apenas medio millón puedan llegar a los 8.
O que se introdujese un impuesto a las grandes fortunas proporcional al que pagamos los asalariados.
O que se limitase, por ley, el salario máximo. No es normal que el Banco de Santander niegue créditos de veinte mil euros a un negocio y su Presidente cobre primas de cinco millones de euros.
O que toda transacción especulativa se fiscalice. Es cuestión de definir las reglas.
Necesitamos unos Servicios Públicos de Empleo eficaces, profesionalizados, que consigan organizar con precisión las potencialidades de una masa social en paro más preparada que nunca en nuestra historia de todos los tiempos.
Hay que conseguir redefinir por consenso una sistema educativo impecable, en que los alumnos no sean meros oyentes sino que se les forme en base a proyectos colectivos en que tengan que construir, argumentar, planificar, comparar. Que se les enseñe desde pequeños a razonar y no a memorizar.
Sería un éxito que este movimiento ciudadano nos llevara a plantearnos qué cosas concretas tenemos que cambiar para ser una sociedad más justa.
Pero el domingo hay que votar. No hay que dejar de votar porque éste es, hasta que no lo consigamos cambiar, el sistema más sano, el que nos hemos dado los españoles en estos treinta años de democracia que han sido, sin duda, los años de mayor progreso de la historia de siempre de nuestro país.

martes, mayo 17, 2011

Lille

A determinados sitios no llega uno si no es con algún argumento específico.

Mi relación con Lille no sería tal si no trabajase en Renault, donde no trabajaría si no hubiese decidido estudiar Ingeniería ni leyese el País, y seguramente no habría elegido Ingeniería si no lo hubiesen hecho mis amigos de bachillerato.

Lille es fría y elegante. La gente del norte de Francia es simpática a pesar de los elementos.

No conozco días soleados en esta ciudad en la que ayer disfruté de una cena a solas con vino de Burdeos.

Nunca estuve acompañado en Lille.

Es un punto la soledad. Ver desde un cristal de un restaurante la gente pasar. Sentirte invisible. No tener que hablar más que contigo mismo.

A la gente le asusta la soledad.

La soledad es bonita en Lille porque la gente te sonríe cuando te ven beber vino y escribir, a solas, en una servilleta.

La gente de Lille no es parisina.

El teatro de la ópera es espectacular, todo en piedra, pero más lo es el antiguo palacio de la Bolsa.

Lille es como La Coruña. La visitas en medio día pero, al igual que La Coruña, es una ciudad agradable para vivir, manejable, triste y lluviosa.

Por Lille luchó el Rey Sol durante años.

La gente en Lille es mayoritariamente rubia.

Lille ha sido invadida varias veces, por pueblos distintos, y ese fulanismo la hace coqueta.

No me gustan las ciudades que presumen de ser vírgenes.

Me gusta estar en sitios donde no soy nadie.

Si es que soy alguien en algún sitio.

Lille se pronuncia 'Lil'.

sábado, mayo 14, 2011

5 euros

Con el coche echando humo, mi hermana Raquel llegó a duras penas a subir el túnel de Arjona para estacionarlo, como pudo, en un carril de la calle Torneo. Me llamó para que le echase un cable mientras salía corriendo a recoger a Iván al cole a la salida de clase.

Problemas de correas de distribución. Un dineral.

Mientras esperábamos a la grúa le propuse al enano ir a tomar algo al McDonald’s y él, entusiasmado, saltó gritando que sí.

Raquel le dio 5 euros que, inmediatamente, él me dio a mí. En el centro comercial saqué 50 euros de un cajero, con ayuda de Iván, por si las moscas.

Sus nuggets, el zumo de naranja y dos cervezas, para Raquel y para mí, fueron 8 euros en total. Pagué con los 50 euros.

Volvimos a la plaza de Armas y, con un ataque de alergia de impresión, nos tomamos las cervezas e Iván los nuggets mientras esperábamos.

Cuando ya la grúa había montado el coche, acercándolos a su casa, mi sobrino me preguntó, con toda la inocencia de sus ocho años, aprovechando que Raquel hablaba por teléfono y poniendo en práctica el notable que acaba de sacar en matemáticas:

`¿Con qué billete has pagado en el McDonald’s?

‘Con el de 50’, contesté.

‘Entonces devuélvele los 5 euros a mi madre’.

‘¿Quién se ha comido los nuggets?’

‘Yo’

‘Pues entonces me quedo yo con los 5 euros’

El se quedó mosqueado con el razonamiento y, cuando Raquel colgó, le expliqué su teoría. Los dos nos moríamos de risa pero él seguía con la cara de mosqueo.

Con un platazo de lentejas por delante decidí darle de nuevo el billete.

Raquel me escribió más tarde un mensaje. Iván lo iba a utilizar para una excursión con el cole.

lunes, mayo 09, 2011

Aprensión

A pesar de que vivimos en el período más seguro a nivel médico en el mundo occidental, es tanta la información recibida y la fragilidad psicológica de nuestras defensas que, irremediablemente para una gran parte de la población, uno de los grandes males de nuestro tiempo es la aprensión.

Escuchamos de tal vecino que le han extraído un trozo del intestino para hacerle una biopsia, que tal artista tiene una degeneración osea, que cierto político padece alzheimer, que nuestro primo tiene una cardiopatía con veinte años... que nos volvemos seres asustados ante lo que nos pueda llegar.

Yo mismo he sido especialista en padecer los mismos síntomas que la última enfermedad que me haya impactado. Encuentro ganglios, moratones o crujidos de huesos donde no hay más que obsesión por pensar que soy el siguiente en caer. Sobre todo recuerdo esa época negra en mi adolescencia y juventud, pero aún hoy tiendo a magnificar cualquier dolor en el costado.

Cuando las personas eran pasto de una medicina primitiva, invasiva y experimental seguro que ese abismo hacia el dolor no era tan profundo como lo es ahora. El no conocer penurias, epidemias o hambrunas nos hace ser más indefensos ante la fragilidad innata al cuerpo humano.

Y es complejo el cerebro para hacerse entender con razonamientos estadísticos o científicos cuando éste se ha emperrado en traducir esa dificultad para tragar en un tumor en la laringe. Un poco como el temor a volar. Ya te pueden explicar con argumentos bien construidos que es más fácil que te toque el gordo de lotería que, cuando una turbulencia te sube el estómago a la garganta, comienzas a gritarte por dentro que por qué a ti.

Si pensáramos que el final llegará cuando llegue y dedicásemos, los hipocondríacos, menos tiempo a inventar enfermedades, seguro que seríamos menos propensos a padecerlas y, sobre todo, a perder un tiempo más aprovechable en disfrutar de un cuerpo que, a día de hoy, está como un rey.

viernes, mayo 06, 2011

Dilema

Cuando ayer noche llegué a casa sabía que me iba a enfrentar a una noticia con la que, ocurriese lo que ocurriese, me iba a sentir confuso.

Anoche el Tribunal Constitucional avaló las listas electorales de Bildu, el complejo independentista de la izquierda vasca.

Una de las personas a quien más aprecio, por su generosidad y afecto, es un vasco claramente independentista al que la palabra España le repele y con quien nunca estaré de acuerdo en cuestiones políticas, pero al que respeto profundamente.

Es de todo punto ilógico que no todas las opciones políticas democráticas puedan ser votadas en nuestro país, incluidas aquéllas que reniegan del propio país y su derecho a existir como tal. No hay nada más sano que permitir a cada persona decir cómo quiere que su sociedad esté organizada y cuál es su territorio.

Mi gran dilema viene por el hecho de encontrar en esas candidaturas rostros como el de la alcaldesa de Hernani, que jaleó a los etarras que mataron en Barajas a dos ecuatorianos.

Es demasiado el tiempo que se llevan riendo de nuestros muertos y aplaudiendo salvajadas como para creer su conversión en demócratas sin pistolas.

En Aralar veo una opción limpia de vía independentista, un sentimiento compartido por un porcentaje considerable de la población vasca.

Con esta validación del Constitucional oiremos exabruptos contra nuestro país venidos de los candidatos de Bildu, pero ahí debe estar la grandeza de nuestra democracia, en dejar que quienes no quieren pertenecer a nuestra sociedad y entiendan que su futuro está tras otras fronteras, también tengan derecho a decidirlo.


miércoles, mayo 04, 2011

Elisa

De diecinueve años, francesa y familia de nuestro amigo Txema, Elisa dijo sí a la primera cuando su tío le propuso venir a la Feria de Sevilla de este año. Estábamos en París en pleno invierno y era la primera vez que se encontraba con él.

Diciendo entender más español del que entiende pronto comprendió, nada más aterrizar el domingo, que estaba entrando en una ciudad compleja.

Charlar, beber, reír, comer y tocar palmas en un círculo infinito es difícil de entender hasta para un nativo de estas tierras si no fuese porque nos han educado, desde pequeños, a disfrutar del colorido de una semana festiva en una ciudad artificial.

Cuando lo ves desde otros ojos, de otra generación y otro país, comprendes la extrañeza e incluso el bloqueo que puede provocarse.

La mañana del martes llamó a su madre y no paró de llorar. Querría irse seguramente a París en el primer avión de vuelta.

Estuvimos todo el día pendiente de ella. Durante la comida trataba de explicarle en francés las claves de esta fiesta que empezó como agrícola y ganadera y terminó siendo lo que es hoy, un puro canto al placer de vivir en esta vida tan dura a veces. A todo respondía con monosílabos.

La tarde se fue completando con amigos que cruzábamos, casetas a las que nos invitaban, conocidos a los que sueles ver sólo en Feria. Le presenté a mi amigo Manuel, el director de cine. Éste venía con Nicole, una pintora neoyorquina recién venida a Sevilla para instalarse. Se nos unieron periodistas en la caseta de la cadena Ser, llegó Carmen, la chica que interpretará a Gloria en la película, luego mi amigo Santi, que nos presentó a sus padres, luego aparecieron unos americanos que conocimos días antes. Pasamos de los rebujitos al jamón y del jamón a las tortillas. Tuve conversaciones trascendentes, las que se tienen cuando el alcohol te suelta la lengua y dices cosas que tal vez no debieras. Bailé, bromeé con Badi, nuestra querida amiga marroquí y con Félix, un colega escritor que nos invitó a cenar la semana próxima. Esperamos a que a Ángeles Verano le hicieran un reportaje en televisión, nos acercamos a la caseta de mi amigo David, donde pude hablar del Betis con un vigués con veinte años de carnet del Celta, o con su amigo Toño, riojano criador de vinos.

Cuando habían pasado quince o veinte horas de sus llantos adolescentes, Elisa estaba bailando, o intentándolo, unas rumbitas con Badi.

lunes, mayo 02, 2011

Carcas

Sí, tiene una connotación peyorativa su simple pronunciación: Carca.

Para entender a estas personas que están contra el mundo, intento ponerme en su interior. Y lo que veo son miedos y complejos.

Van despotricando contra todo lo que implique progreso porque les asusta pensar en otras vidas posibles.

Tratan de retener al máximo las rutinas de siempre, por muy infelices que les hagan, porque reteniendo lo anterior vivirán en un mundo donde el azar, deben pensar, tome menos fuerza y, por ende, estarán a salvo de agresiones a su esfera de cristal.

La merienda a las seis, la vajilla para los domingos y la ciudad de siempre. No quieren obras que destruyan, porque todo lo que sea cambio es destrucción. Si peatonalizan una calle con tráfico rodado es un crimen, porque ellos siempre han circulado por ahí con el coche, si se aprueban leyes sociales, a favor de minorías marginadas desde siempre, están impulsadas por el demonio.

Y son seres acomplejados, que luchan contra la alegría de la gente que sí sabe entender la vida como imperfecta, que tratan de cambiar las cosas, desmitificarlas, adaptarse y no dogmatizar. Porque nada en esta vida es para siempre, ni hay barreras ante las que nos tengamos que parar.

El carca sufre desde su atalaya, acobardado por un mundo cambiante, y despotrica, blasfema y se revuelve en sí mismo. Compra la prensa que le da la razón, se asoman a las pantallas de televisiones cómplices, donde van cociendo políticos en la gran hoguera de la purificación, donde también meten a mujeres valerosas, a ser posible divorciadas y felices, homosexuales bienpensantes o escritores irreverentes.

Desde su púlpito se asoman, santiguándose, a las vallas de las obras de las ciudades para decir: Estos infieles nos destrozan nuestro pasado.

domingo, mayo 01, 2011

Sábato

Afortunadamente aprendí a no encender la tele como hábito hace mucho tiempo.

Parecía que fuese inconcebible no hacer ese gesto al entrar en casa. Tomar el mando y conectar la televisión, como si el silencio de la casa asustase y ese sonido tranquilizase nuestras rutinas acompañándonos en nuestra intimidad.

Es de una purificación enorme tener la televisión como un objeto más, no necesario sino elegible entre otras muchas opciones. Saber entender el hogar como un espacio sin ruidos ni sonidos innecesarios.

El otro día, haciendo tiempo para ir al baño, encendí la tele. Aparecía un programa de aparente debate entre ‘corraleros’ que se gritaban acerca de no sé qué novio de no se qué famosa. Decían tales barbaridades que me quedé absorto, abducido. Cuernos, operaciones de estética, hijos repudiados y exclusivas de revistas del corazón.

Cuando la ducha quedó libre mi pareja se acercó, me quitó el mando a distancia, apagó la tele y me dijo:

‘Venga, vete a la ducha’.

Con mucha agua caliente, casi hirviendo, me planteaba hasta qué punto hay gente vulnerable a que trafiquen con sus más bajos instintos.

Anoche murió Ernesto Sábato y yo me pregunto ¿qué porcentaje de la población española conoce la trayectoria de este hombre íntegro?

jueves, abril 28, 2011

Iphonitis

Reconozco que caí rendido cuando me lo enseñaron en un centro comercial gaditano. Me quedé prendido del 'iphone'. Esa debilidad tenemos los humanos y esa capacidad tienen las grandes compañías para llevarnos por caminos imprevistos.

Tengo ya un historial de dos años de fotos hechas con ese móvil, que me dedico a revisar de forma rápida en tiempos muertos. Anoto cada cena, viaje, cada ocasión especial en su agenda. Oigo música paseando por la playa, veo qué tiempo hará mañana, escribo emails, anoto ideas para el blog, me organizo las tareas, juego a sudokus, me sirve para situarme en el mapa en lugares desconocidos, me llegan mensajes de facebook, grabo impresiones sonoras cuando me llegan a la mente, vigilo al euribor, anoto mis gastos, consulto horarios de vuelos... y se lo dejo a mi sobrino Iván para que juegue inyectando a unas bacterias que se mueren de risa o hablándole a un gato que te imita. Y disfruto como un enano viéndolo reír.

Sí, atrapado como muchos, que ahora tienen el 'iphone 4' y se ríen de mi viejo 'iphone 3'.

Hay momentos en que, cenando en algún restaurante, estamos cuatro personas entretenidas con nuestros móviles intergalácticos, sin hablar entre nosotros.

Hay veces en que, como una rutina de drogadicto, vamos encendiéndolo continuamente en busca de mensajes que no llegan o informaciones que no nos importan.

Caí rendido al 'iphone', pero espero que la enfermedad no sea grave (aunque sólo sea el 'iphone 3').

domingo, abril 24, 2011

185.024

Una de mis más grandes frustraciones al pensar en la muerte es la imposibilidad de cubrir mi curiosidad respecto al futuro del género humano.

Es consuelo de tontos pensar que ningún otro ser humano coetáneo a nosotros será capaz de conocer con certeza qué pasará cuando los milenios avancen en ese inexorable caminar del tiempo hacia adelante.

Sé que estamos viviendo en estos últimos siglos avances en conocimiento, industria, tecnología o política que no tienen parangón con otras épocas de la historia. Todo va acelerado y esa explosión de cambios acrecienta mi curiosidad por el porvenir.

Cada vez estamos más globalizados y, supongo, pasadas decenas de miles de años habrá una sola raza, todos estaremos mezclados tras todas las combinaciones posibles cuando las fronteras comiencen a diluirse sin remedio, siendo las distancias geográficas una quimera.

Sería un único ser humano con ojos orientalizados y piel más marrón que la mayoritaria en el mundo occidental. Una sola raza humana.

Seremos, deduzco, una sola nación. Los organismos internacionales deberían ser cada vez más potentes. Empezaremos por una moneda única mundial, quizás para el 2.500 y de ahí, poco a poco, llegaremos a un único estado democrático. Sería maravilloso.

Las religiones, si para entonces existen, se fundirán en una, mucho más cercana al animismo japonés que al cristianismo que nos es más cercano. Basada en la espiritualidad de un hombre que se dará el valor justo y no tendrá remilgos en asumir su falta de certitudes.

Me aturde pensar en la superpoblación. ¿Habrá chavales jugando tras un balón en playas desiertas en el 185.024?, ¿habrá besos de amor?, ¿cenas de amigos?, ¿familias unidas con padres reconocidos?

¿Habrá el mismo miedo a la muerte?

Desde el 185.024 se verá el 2.011 como un número prehistórico y, tal vez, la única noticia de este siglo que vivimos sea que hubo un primer presidente negro del extinto imperio norteamericano, imperio que precedió al chino...

Y habrá seguro en el 185.024 quien se plantee qué rápido va el tiempo, que se diga qué será del hombre más allá del 300.000.

Ojalá exista alguien por entonces que pueda plantearse un mundo mejor.

miércoles, abril 20, 2011

Huida

Decía Luis García Berlanga que, cada vez que había Fallas en su tierra, huía de Valencia. Pero, al mismo tiempo, echaba de menos no estar allí.

Mi madre, muy creyente, me llevaba a ver las procesiones cuando pequeño. Me emocionaba viéndola llorar a lágrima viva viendo pasar el palio de la Macarena. Ella me lo contaba muy fácil.

'Mira, mira cómo vienen meciéndola, mira cómo le tocan música para quitarle el dolor. Todos los años viene con su gran manto para arrastrar con él todas nuestras penas'.

El paso llegaba, ella se quedaba paralizada, me agarraba y se iba ese cortejo de duelo, dejando lleno de plañideras sevillanas el recorrido a su paso.

Siendo chaval me hice hermano de la Soledad de San Lorenzo. No podían procesionar mujeres por entonces y yo, el primer varón de su mejor amigo, era lo más parecido que tenía Pedro a un hijo. Fueron muchos años llegando puntual a la cita de cada sábado santo. Desfilando descalzo, primero con cirio, luego con cruz.

Hasta que la fe se me fue. Se me fue por completo.

Hay quien es tan tradicional que, incluso no creyendo, acompaña cada año a su hermandad camino de la catedral.

Yo no sé.

Me gusta enseñar la Semana Santa a mis amigos de fuera. Lo sé explicar todo, desde las imágenes a las sensaciones, y creo saber resumir la belleza de cada momento.

Hubo un tiempo en que, casi a escondidas, veía la Madrugá recordando los arrechuchos de mi madre, o me acercaba a la Plaza de San Lorenzo a ver recogerse a mi Soledad.

Hoy, como Berlanga de su ciudad, me voy de Sevilla a disfrutar de mi merecido puente de vacaciones. Me esperan Portugal y los míos.

domingo, abril 17, 2011

Lebrija

Como tantos otros fines de semana, hoy subía la autopista de Cádiz volviendo desde Conil. Conduciendo se hace difícil, pero como copiloto resulta sencillo distinguir la silueta de Lebrija en el horizonte, dejándola a la izquierda, en pleno valle del Guadalquivir, entre las marismas de arroz donde nos llevaba mi padre a David y a mí cuando pequeños para visitar las fincas en que trabajaba como perito agrícola, enseñándonos los aviones que fumigaban o las serpientes de agua que vivían en los arroyos.

Definitivamente no soy de campo.

Nunca estuve de manera consciente en Lebrija. Tal vez por aquella época alguna vez mi padre nos llevara.

No hay vez que pase y diga, la próxima vez me desvío y la visito. Sin prisas. Tiene que ser un pueblo grande, de fachadas encaladas y plazas con gente paseando tranquila.

Pero siempre queda en el olvido.

He estado en cuatro continentes y visitado decenas de países de todas religiones y culturas, pero no he pisado la tierra del mayor gramático en lengua castellana. No creo que se tardara mucho más de media hora en llegar desde mi casa, sin embargo tengo 43 tacos y sigo sin conocerla.

Sería una metáfora fácil decir que muchas vidas se desarrollan así, yendo lejos y no integrando lo cercano.

viernes, abril 15, 2011

El punto rojo

Hice la mili tan tarde y tan cerca de su supresión que todo me parecía ridículo.

Tenía 25 años, la carrera terminada y estaba rodeado de chavalitos adolescentes que me sacaban de mi abstracción universitaria, dándome de bruces con la verdadera realidad del país de esos años noventa.

Me lo tomé, en cualquier caso, con el mejor ánimo posible. No quedaba otra. Tuve la suerte de que me tocó 'Caballería' y el cuartel estaba a un par de kilómetros de mi casa.

La instrucción fue terrible. Nos trataban como a ganado. Te levantaban a grito pelado a las siete de la mañana y pretendían que te vistieras en quince segundos, dejando la cama hecha. Luego a correr, algo que al menos se me daba bien, por caminos empedrados. Ahí era un crimen ser 'gordito' porque los sargentos chusqueros molían a insultos a los rezagados.

Una mañana, tras la carrera, decidieron hacer pruebas de camuflaje.

En medio de un descampado a las afueras de Sevilla, el sargento nos explicó con desgana en qué consistía esa técnica, con frases básicas.

'Desde que suene el silbato os doy treinta segundos para desaparecer de mi vista. ¡A quien yo divise me lo cargo!'.

Sonó el silbato.

Salí corriendo como un descosido con mis botas de cuero y el uniforme verde. Pero tardé cinco segundos en darme cuenta que era casi el único que se dirigía en esa dirección. Me quedaban veinticinco segundos para rectificar o buscarme la vida camuflándome en solitario.

Me encontré con una especie de basurero de cartones y allí me metí. Tenía a un recluta compañero que se tumbó con cara de terror entre la basura. Yo, con la respiración entrecortada, cogí una caja de cartón y me la coloqué encima.

Sonó el silbato.

'¡Gilipollas!' -gritaba el sargento mirando hacia nuestro escondite.

'¡Capullo!' -y parecía que se dirigía a mí.

'¡Ven para acá!'

El sargento caminaba hacia nosotros y yo permanecía quieto. Me giré para ver al que tenía a mi lado y el sargento continuó:

'¡Ése que se mueve!, ¡el del cartón!'

Los nervios me hicieron recular un poco.

'¡Eres el ejemplo del perfecto imbécil al que se cargan primero!'

Yo tragaba saliva hasta que me di cuenta que el perfecto imbécil era yo.

Mi caja de cartón era de detergentes 'El punto rojo'. Su logotipo daba buena cuenta de la marca. Y eso es lo que había en medio del descampado: Un punto rojo moviéndose en el horizonte.

martes, abril 12, 2011

Aparato

Sé con certeza que nunca votaré a la derecha.

Quien esto lea puede pensar de mí como un radical o, todo lo contrario, como una persona coherente.

Habrá quien rebatiría que, en estos tiempos que corren, no hay derechas ni izquierdas. Quien opinaría que la democracia es la alternancia, que hay que ser más flexibles, dar oportunidad a todos. A algunos les puedo defraudar por esa frase contundente, otros se pueden sentir cómplices. La mayoría, seguro, indiferentes.

Pero yo sé que nunca votaré a partidos conservadores.

Entiendo que la democracia es libertad, sucesión de distintos partidos políticos y enfrentamiento de ideas. Pero no seré yo quien haga bascular las papeletas a opciones que jamás compartiré.

Jamás, nunca... sin embargo, me cuesta sentirme representado por nadie en el plano del socialismo. Más específicamente del socialismo andaluz.

Sí, es una quimera conseguir sintonizar con un partido de masas que tiene que transmitir un mensaje coherente a millones de electores. Vale. Lo admito.

Pero resulta muy duro, especialmente para aquellos que creemos en las políticas sociales, en el reparto de la riqueza, en la importancia del Estado como equilibrador de la injusticia de nuestra sociedad egoísta, en el laicismo pleno, en una fuerte Sanidad o Educación Pública, en la regulación de los mercados o en los incentivos a la mujer, al discapacitado, al inmigrante... resulta duro, digo, pensar que nos sentimos profundamente dolidos por unos políticos que no están a la altura de la situación.

No hablo de Arenas, Zoido, Rajoy o Rita Barberá... Yo no estoy en ese campo. Hablo de la vergüenza que me produce que se hayan repartido millones de euros a personas que no tenían nada que ver con las empresas a las que se concedían ayudas públicas.

El pasado fin de semana leía una entrevista al Presidente de la Junta. Se exoneraba de toda responsabilidad. 'Yo no sabía nada de los ERE's'.

Por mucho menos, en cualquier empresa, asociación o fundación decente se dimite.

Si usted no sabía que se estaban yendo millones de euros de las arcas andaluzas a estafadores sin control, es que usted no vale para el cargo. Si lo sabía, usted tendrá que dar explicaciones a la Justicia.

El Partido Socialista no ofrece más que puro 'aparato' sin la más mínima sensibilidad social. Siempre las mismas caras. Incluso las nuevas que aparecen, como la portavoz Susana Díaz, no son más que el reflejo de una política dogmática.

¿Para cuándo aire nuevo?

Queremos políticos honestos que nos hagan creer que, desde la izquierda, otro mundo es posible.


domingo, abril 10, 2011

Necrofilia

Tuve la suerte de encontrarme con un hombre culto, ya casi anciano, que me pasó un título de Erich Fromm: 'El corazón del hombre'.

Muchas son las veces en que la amplitud de miras o el acervo cultural vienen dados a partir de unas cañas de un día relajado cualquiera.

En este ensayo, el filósofo alemán hace una distinción entre las personas biófilas y las necrófilas, como dos extremos entre los que nos situamos el conjunto de los seres humanos.

Pero, ¿qué es ser necrófilo para Fromm? No es una atracción sexual por los cadáveres, ni siquiera es un sentimiento evidente de fascinación por la muerte.

Es algo mucho más sutil y consistiría en la capacidad que tienen ciertas personas, en mayor o menor grado todos, por materializar la vida. Por buscar nuestra felicidad en las rutinas, odiar la evolución, el progreso, oponerse al afecto. Alegrarse en lo más profundo con los fracasos del hombre, el genérico y el individual.

Necrófilos porque quieren atrapar la 'Vida' y paralizarla, adormecerla, narcotizarla.

Aquéllos que te recuerdan que todos acabaremos siendo ceniza, que quien sube acabará bajando, que se desesperan, tal vez sin saberlo, cuando ven sonrisas amplias. Porque su condición humana les impide reír a pulmón abierto.

Carcas en lo social y analfabetos en lo afectivo.

Desgraciadamente, todos tenemos una parte de nosotros necrofilizada. Pero eso no es un problema si lo sabemos y luchamos contra ello.

El dolor es tener gente cercana consumida en ese afán de materializar lo humano, darle nombre y no querer, en lo más profundo, que los mortales sepamos, aunque sea por un instante, disfrutar de esta 'Vida' que, en cuanto nos descuidemos, se nos va.

jueves, abril 07, 2011

Soez

Me cuentan una escena real. Hall de una sala de cine y una mujer que deja allí a sus dos hijas pequeñas en la puerta tras sacarle entradas para ver la última de Torrente.

Quizás esta escena resuma muchos males de nuestra sociedad actual: Las prisas, el desconocimiento de la realidad, la mala educación y el gusto por lo soez.

Seguramente esa señora dejó a sus pequeñas en el cine creyendo que iban a ver una comedia simpática a lo Mortadelo y Filemón.

No me considero un tipo cerrado, pero sé que jamás iría a ver a este Torrente de tres dimensiones. Estoy en el mundo para saber que esa película integra los ingredientes más cualificados del mal gusto, de la ordinariez.

Éste es también el país en el que vivimos. Éste donde una película que protagoniza el hijo de Isabel Pantoja hace diecisiete millones de euros en quince días. De humor escatológico, apariciones de Belén Esteban y risotada hueca.

Tanto derecho tiene la gente a acudir a las salas para ver esa bazofia como yo para criticar el pertenecer a una sociedad tan falta de buen gusto.

El cine es y debe ser diversión, claro que sí, y la frivolidad es un componente necesario en esta dura vida que nos toca afrontar, ¡cómo no!

No soy un puritano para arrugarse por propuestas diferentes.

Tan sólo leo las cifras, me imagino a las dos niñas riendo a carcajada limpia en esa sala de cine y me digo que yo no me siento de aquí.

lunes, abril 04, 2011

Desde dentro

Crear es una emoción que da cuerda al corazón.

En su más amplio sentido, en el de construir de la nada, de uno mismo, satisfacer el propio ego, poner a pruebas las capacidades que uno seguro tiene para demostrarte tu lugar en el mundo.

Cuando la tarde de los jueves llega a casa Manuel y nos ponemos un té, mientras nos contamos los proyectos que hemos ido almacenando en nuestra memoria para poner en pie cada una de las escenas de la película que nos traemos entre manos, confirmo la felicidad que produce la creatividad.

Yo le hablo de una escena de Natalie Portman en Closer, él de otra de Robert de Niro en Toro Salvaje. Yo le propongo hablar con una amiga soprano para darle música a una escena aérea que él ha pensado sobre las tierras de Cádiz. Nos planteamos cómo dar vida al dolor del desamor en una joven de 23 años, cómo de rápido se movería la cámara, cómo se miraría ella al espejo. Con tarjetas pegadas en un corcho vamos endulzando con escenas luminosas una historia de dolor, mientras trazamos líneas de conexión entre los pacientes de una consulta de psicoanálisis que, contando sus traumas, destapan los desasosiegos de la terapeuta.

Y de vez en cuando paramos, saco unas magdalenas, o un vino blanco, o un gintónic... y nos decimos que ésta será nuestra gran película, que vamos a conseguir momentos inolvidables.

Que queremos enseñar una Sevilla fuera de tópicos, que se debe mantener constante la melancolía de ese 'no saber perder' al ser amado, que tenemos que conseguir actores que sean una piña.

Que tenemos todo el tiempo del mundo para crear una obra desde la pasión de dos personas que saben del placer de buscar en su interior algo que aún no existe.

sábado, abril 02, 2011

Vientos

A la gente compleja a veces no tienes toda una vida para terminar de conocerla, incluso tras compartir miles de horas, anécdotas, viajes o cenas. 

A la gente simple se la ve venir. 

Hay algo que me disgusta de cierto personal cercano, conocidos a los que aprecio en cierta medida pero que tienen la cualidad negativa de ofrecer una cara distinta según sople el viento. No se puede ser del Betis y del Sevilla, no puede uno ir de persona con mente abierta y lanzar exabruptos contra el matrimonio homosexual, no puedes presentar a cada uno de tus amigos como el principal, el mejor y el más fiel, ni decir el lunes que lo que más te gusta es el cine francés, y al día siguiente el americano. 

Es difícil confiar en gente que te dice lo que tú quieres oír. 

Se confunde bondad y calidad humana con abrazos de oso. Nos definimos por cómo pensamos y por cómo no lo hacemos, por con quién estamos y por aquéllos que cogieron otros caminos a los que renunciamos. 

La complejidad de las personas apasionadas por todo y amigas del universo es simpleza y cobardía.