lunes, mayo 09, 2011

Aprensión

A pesar de que vivimos en el período más seguro a nivel médico en el mundo occidental, es tanta la información recibida y la fragilidad psicológica de nuestras defensas que, irremediablemente para una gran parte de la población, uno de los grandes males de nuestro tiempo es la aprensión.

Escuchamos de tal vecino que le han extraído un trozo del intestino para hacerle una biopsia, que tal artista tiene una degeneración osea, que cierto político padece alzheimer, que nuestro primo tiene una cardiopatía con veinte años... que nos volvemos seres asustados ante lo que nos pueda llegar.

Yo mismo he sido especialista en padecer los mismos síntomas que la última enfermedad que me haya impactado. Encuentro ganglios, moratones o crujidos de huesos donde no hay más que obsesión por pensar que soy el siguiente en caer. Sobre todo recuerdo esa época negra en mi adolescencia y juventud, pero aún hoy tiendo a magnificar cualquier dolor en el costado.

Cuando las personas eran pasto de una medicina primitiva, invasiva y experimental seguro que ese abismo hacia el dolor no era tan profundo como lo es ahora. El no conocer penurias, epidemias o hambrunas nos hace ser más indefensos ante la fragilidad innata al cuerpo humano.

Y es complejo el cerebro para hacerse entender con razonamientos estadísticos o científicos cuando éste se ha emperrado en traducir esa dificultad para tragar en un tumor en la laringe. Un poco como el temor a volar. Ya te pueden explicar con argumentos bien construidos que es más fácil que te toque el gordo de lotería que, cuando una turbulencia te sube el estómago a la garganta, comienzas a gritarte por dentro que por qué a ti.

Si pensáramos que el final llegará cuando llegue y dedicásemos, los hipocondríacos, menos tiempo a inventar enfermedades, seguro que seríamos menos propensos a padecerlas y, sobre todo, a perder un tiempo más aprovechable en disfrutar de un cuerpo que, a día de hoy, está como un rey.

2 comentarios:

Blogmaster dijo...

Bueno, este post me toca de pleno. Como médico y como otorrinolaringólogo. Me ha pasado muchas veces en consulta eso mismo que cuentas: el paciente angustiado porque se ha notado "algo" en la garganta y piensa que podría ser un cáncer. Sólo te faltaría añadir que un tiempo antes se ha diagnosticado un cáncer de esos en alguien de su entorno para tener el cuadro completo.

No creo que ningún paciente se invente los síntomas. Todo paciente que se queja es porque tiene algo. Otra cosa es que la razón de su queja sea la más aparente.

Posiblemente, una parte de esa aprensión sea debida a que alguns personas no tienen nada más en lo que dedicar sus vidas. Vamos que están soberanamente aburridas y la única forma que tienen de manipular el ambiente que les rodea es llamar la atención sobre "algo" que se han notado y que a lo mejor podría ser importante... Una persona que se ve obligada a trabajar quince horas diarias para sacar adelante a su familia no va al médico por tonterías.

Por otro lado, nosotros los médicos también tenemos mucha culpa, con tanto diagnóstico precoz, "es mejor si se acude cuanto antes" y cosas así. Añádase que, por ejemplo, los síntomas precoces de un cáncer de hipofaringe son indistinguibles a los de una faringitis crónica vulgar y ya tenemos el cóctel completo.

Sobre la sobredosis de información: gracias a internet, la cantidad de información disponible es tan enorme que a la mayoría de las personas no les da tiempo a asimilarlo. Casi es igual a no tenerla. De los pacientes que yo veo son muy, muy pocos los que realmente le han sacado algo de provecho a la web. Se pueden contr con los dedos de una oreja.

En fin. Que la solución para la mayoría de estos casos es meterse en una hipoteca de las gordas y un trabajito a comisión que a duras penas dé para pagarla.

Un abrazo.
M. Oliva

Alforte dijo...

Lo mismo que para sentirse culpable no hace falta serlo, para sentirse enfermo no hace falta estarlo.
Que puñetera es la mente en ocasiones.
Besos saludables