Este miércoles, tras meses sin ir, allí volvimos.
Pero, en una local precioso donde siempre había novedades culinarias, faltaba de todo.
Buscamos con la mirada a nuestros camareros favoritos, pero no reconocíamos a ninguno.
Eran, eso sí, simpáticos. Nos miraban y sonreían. Solo estábamos Fran y yo en aquella sala siempre concurrida.
Entonces lo solté:
─¿Serán impostores?
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