lunes, mayo 23, 2011

Plásticos

La avaricia del hombre, omnipresente, se manifiesta mucho más rotunda cuando las cosas se le facilitan: siendo anónima y colectiva.

Me gustaría tener la capacidad intelectual para ver claro hasta qué punto somos marionetas.

Una cultura extendida en España nos ha educado a comprar nuestra vivienda. Parece que vivir de alquiler es tirar el dinero, y yo soy el primero que ha caído en esas redes envenenadoras.

El producto de todo esto ha sido por un lado tenernos lastrados con hipotecas que se comen un porcentaje enorme de nuestro sueldo, que puede llegar a ser escandaloso cuando los jefes monetarios suben los tipos de interés, y por otro lado un país que ha vivido ensimismado en unos crecimientos enormes a costa de ver cómo el oficio más soñado por los adolescentes era ser albañil o fontanero. Se llevaban los billetes calentitos a casa y estudiar se convertía en un sacrificio de torpes.

Desde fuera se nos veía como un pequeño país de nuevos ricos que iban directos al desolladero. Mientras todo era Jauja, esos anónimos invisibles acaparadores ponían su dinero aquí para alimentar más a la bestia. Más visas, más préstamos, más inversión en deuda española, que se crean estos pobrecitos que son algo mientras, como los albañiles de entonces pero no tan ingenuos, se llevaban con avaricia el maná que brotaba de nuestra tierra infestada de apartamentos en las costas y de inmigrantes latinos recogiendo la mierda que nosotros, con aires de grandeza, nos negábamos a recoger.

Ahora esa mano negra a la que llaman 'los mercados' se ha cansado de jugar en este tablero de monopoly llamado España. Ya nos han dejado secos y buscan sangre fresca. Y se ríen diciendo, ¡que trabajen más horas! o no te compro deuda, ¡que se jubilen más tarde! o no te presto dinero, ¡que ganen menos! para nosotros ganar más.

'Los mercados', ese anónimo (y muy humano, no son maquinitas) y colectivo depredador, va buscando dónde especular más.

Cuando llega una catástrofe de la naturaleza es cuando más disfrutan 'los mercados', entonces observan el panorama y cuenta los muertos para así, olfateando, decidir invertir en empresas especializadas en bolsas de plástico en las que envolver los cadáveres.

2 comentarios:

Reyes dijo...

Así es.
Estos días miles de gatos estuvieron gritando contra esto.
(uso la palabra gato porque normalmente son cuatro pero en este caso éramos muchos más).
Un beso.

Argax dijo...

Revelador, y no nos queremos dar cuenta. Tendriamos que dirigir bien toda esa indignación de la que se ha estado hablando estos días.

Un abrazo. Te sigo siempre aunque comente poco.