Yo estaba en la cola del súper y la gente se impacientaba.
─¿Tan caro es este batido? ─preguntó la chica.
Empezó a hacer malabares y a quitar cosas de la bolsa, pero seguían sin salirle las cuentas. Pidió que le retuvieran un momento la compra mientras buscaba en el móvil una tarjeta que a lo mejor no tenía. Salió un momento del local. Ya no volvió.
Entonces el cajero me miró a mí y me soltó:
─Si no tiene dinero, ¿para qué viene?
Buscó mi complicidad y encontró mi mirada más severa.
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