Una ciudad son las cosas que te han pasado en ella, las gentes de allí que has conocido, las risas que echaste en un bar.
A Ljubljana llegué por vez primera una noche de invierno por un tema urgente de trabajo, con un compañero divertidísimo que suavizó el marrón que nos esperaba al día siguiente.
En esa ciudad le confesé mi sexualidad a una amiga.
Allí pasé unos días maravillosos tomando vinos en noches heladas. Con Fran.
También tuve momentos de absoluta soledad para repensar mi futuro, entre sus calles empedradas. Paseos subiendo a su castillo que me hicieron mucho bien.
Ljubljana no es un punto más en el mapa.
Cuando cambié de puesto de trabajo, esa ciudad dejó de estar entre mis rutas. Me había ofrecido sus calles, generosa, a sabiendas que, pateándolas, iba a decidir romper mi vínculo con ella.
Cómo se echan de menos los sitios en los que has sido feliz.
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