Salía con un compañero en viaje largo de trabajo, en mi coche. Ya a punto de salir, recordó que había olvidado algo en su maletero.
—Es este Mégane de aquí, no tardo.
Me acerqué con él, por si necesitaba ayuda. Entonces abrió el maletero y, ¡horror!, entendí todo.
—El desorden no estaba solo en su forma de trabajar.
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