Sin saberlo, tiro mucho de ahí para seguir hacia delante, sin querer investigar hasta qué punto fue verdad o yo endulcé mi propio relato.
Todas mis novelas, sin pretenderlo, bucean ahí: en el niño que fuimos.
Pero no recurro a ello de forma consciente, solo sé que es mi verdad, que se fomentó en mí una forma de acercarme al mundo llena de luz.
Es en ese lugar donde aparece mi madre, la que no me reñía sino para comer.
Aquel beso cada noche antes de dormir.
Cuando observo tanto cascarrabias me digo: no todos tuvieron la suerte que tuve yo.
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