martes, diciembre 08, 2009
Vividor
lunes, noviembre 30, 2009
Morir un poco
Me sentí tan feliz y tan avergonzado al mismo tiempo...
Hace algo más de un mes me llamaron del Ayuntamiento de San Fernando para decirme que había entrado como finalista en el Premio Internacional de Novela Luis Berenguer. Lo organizaba la Editorial Algaida, por allí habían pasado escritores de renombre, llevaba asociada una publicación a lo grande y una importante cuantía económica.
Yo no podía ser más feliz.
Pude compartir esa felicidad con Leo Mares, Elena y Fransús en una tarde-noche que no olvidaré.
Ya me daba por satisfecho. Todos mis sueños de 'contador de historias' se me hacían realidad. Un jurado imparcial había elegido mi obra entre 74 novelas como finalista. Estaba entre los cinco elegidos...
El ser humano es insaciable.
Veía sentido a todo y consideraba que habría un antes y un después del 27 de noviembre, día de la elección definitiva del ganador.
El 27 llegó y yo ando tomando cervezas por Lille, en una semana más de trabajo por mi querida Francia. Hace un frío enorme, llueve como si alguien te tirara cubos de agua encima y soy un tío moderadamente feliz.
El mundo de los vivos, de los que han vivido, viven y vivirán, está lleno de perdedores, de luchadores, de gente que sueña la ilusión de sentir que sus vidas tienen sentido.
A cada ilusión rota, morimos un poco... No es cuestión de dramatizar, no me pondrán un cero mañana, no hay estaño que presentar en clase...
Pero morimos un poco.
domingo, noviembre 29, 2009
Casablanca
Lo preparamos sin mayor dificultad. Un coche de empresa y la reserva de dos hoteles, uno en Casablanca la primera noche y otro en Tánger para hacer escala de vuelta.
Tánger es una ciudad que me apasiona. O que me apasionaba...
Justo cuando entrábamos en el puerto de Tánger les pedí a mis colegas paciencia. 'Esto es Marruecos y aquí los ritmos son otros'.
No había que alterarse si un empleado de las aduanas te pedía una propina por entregarte los papeles al firmar, o que en el espacio cerrado de tránsito del puerto ya hubiera quien te estuviera ofreciendo relojes o pulseras. Les das propinas porque estás vendido y se te quejan.
Mis anteriores veces en Tánger habían sido visitas de unas cuantas horas, organizadas y en grupo. No imaginé lo que suponía que se abriesen las puertas del puerto y nos lanzáramos, como un toro en Sanfermines, a la caótica ciudad de Tánger. Había que encontrar el camino para llegar a la carretera de Rabat y teníamos que hacerlo por instinto. No se respetaban los semáforos, los cedas al paso, no había letreros, la gente se abalanzaba sobre el coche.
Una inversión realizada por mis hermanas en Assilah nos endulzó el viaje. Me habían pedido el favor de acercarme por allí para ver si un dinero que habían entregado para la compra de un apartamento tenían que darlo por perdido o no. Afortunadamente pudimos ver que la promoción sigue construyéndose.
Assilah es un oásis en este país de contrastes. Dimos un paseo agradable, sin presiones ni vendedores siguiéndonos los pasos, nos fotografíamos en la Medina y comimos muy bien en el humilde 'Casa García'.
Pero quedaba Casablanca.
Todas las anotaciones que yo había hecho para visitar, ir de cena, pasear... se me vinieron abajo nada más llegar con la noche ya cerrada. Afortunadamente que existía la Gran Mezquita de Hassan II para guiarnos como faro porque no existe una sola indicación en toda la ciudad. Ya en la autopista entre Rabat y Casablanca comprobamos el poco respeto por las normas de circulación, sobre todo de los peatones, pero la ciudad de Casablanca es el caos absoluto. No hay normas.
Tardamos hora y media en llegar al hotel, donde tuvimos que cenar a deshora porque ya no había tiempo ni nervios para coger de nuevo el coche.
Desorganizada, ruidosa, construida a trozos, la ciudad me decepcionó tanto que me tengo que dar una nueva oportunidad para visitarla. No me gusta no dar segundas oportunidades.
A principios del siglo XX no tenía más de 10.000 habitantes, ahora parece que supera los cinco millones.
Eso lo explica todo.
Me hablan del encanto de Marrakech, de las playas de Agadir, de la sensualidad de Fez, del cosmopolitismo de Tánger.
En Casablanca hay mucha miseria, pero mucha vida también. Parece imposible vivir tan cerca de esa civilización tan distinta a la nuestra.
Al día siguiente solucionamos en la fábrica y pudimos visitar la Gran Mezquita, impresionante.
Impresionante ese derroche en un terreno ganado al mar a menos de doscientos metros de un barrio que se cae a trozos.
Volveré a Casablanca, seguro que me perdí algo.
Siempre hay que dar segundas oportunidades.
lunes, noviembre 23, 2009
La princesa Leia
A punto de cumplir siete años, tantos fines de semana de excursión por los alrededores de Conil, Iván ya tiene recorrido con su tío casi todos los parajes, faros, playas, museos, pueblos, recodos de la Cádiz atlántica.
Decidí proponerle montaña. Recorreríamos todo el trayecto que nos permitieran nuestras fuerzas entre El Bosque y Benamahoma.
El día se presentaba espléndido. Las reglas de partida eran claras. Él iba a ser, como habitualmente, Lobezno. Yo sería, como siempre, Thor.
Pero el camino en coche era largo y el paisaje de toros y gigantes molinos eléctricos no llenaban toda la conversación entre conductor y pasajero en sillita trasera.
Así que pasamos a Star Wars.
Yo elegí ser Luke Skywalker y él Darth Veider.
Llegando al destino nos llamó mi amiga Mariángeles. Se unía inesperadamente a la excursión y eso descolocaba a Darth Veider.
¿Es la profe de Mates?, me preguntó; no, le contesté, es mi amiga 'la Polemique'.
Pasamos cerca de dos horas saltando de un lado a otro del arroyo Majaceite, en un sendero poblado de hojas secas, muy naranjas, piedras con verdina y árboles retorcidos que permitían fotos espectaculares, mientras él seguía preguntando por la inesperada Mariángeles desconocida.
La excursión terminó y se tranquilizó al verla. Ya la conocía.
Mariángeles supo además conquistarlo con sus dotes de profesora de infantil. Tomamos sopa de ‘Brazalema’, mientras él escuchaba atento acerca de las clases de yoga de ella, o las historias que Mariángeles y yo llevábamos tiempo sin contarnos, filtradas por el cuidado con que dos adultos hablan delante de un niño en que todo es curiosidad y preguntas.
Decidió bautizarla como superheroína, ‘La Mujer Invisible’.
Nos lanzamos a la carretera para tomar un café con pasteles en Medina Sidonia. Comenzaba a refrescar y anochecer. Mariángeles descubrió un pueblo precioso que casi no recordaba. Iván nos guió por la escalera de caracol en piedra de la gran iglesia del pueblo, ella hizo fotos del interior, nos tomamos los pasteles y, antes de volver al coche, Iván me comentó con tono serio que tenía que decirme algo a solas.
Al haberme preguntado últimamente cosas trascendentales acerca de las relaciones humanas, apreté los dientes.
Mariángeles se fue a su coche, para seguirnos camino de Conil.
Fue entonces cuando me confesó que no le parecía adecuado que fuese la Mujer Invisible.
Darth Veider y Luke Skywalker debíamos confirmarle algo importante:
Que ella era La Princesa Leia.
jueves, noviembre 19, 2009
Cyrano
La ópera conjuga lo mejor de las grandes artes, comenzando por la música, lenguaje universal. La música de orquesta y la coral, la íntima y la arrebatadora. Nos ofrece una escenografía habitualmente rompedora, por lo colosal, arriesgada, impactante, regalándonos los ojos. Ataca nuestro corazón con historias no necesariamente complejas, pero sí centradas en conflictos universales, muchas veces con apoyo en grandes literatos.
Recuerdo cuando presencié Turandot en la Bastilla de París. Sentí que salía flotando. ¡Era un espectáculo absoluto! ¿Cómo podía haber llegado a crear el hombre algo tan hermoso?
Tan hermoso y tan inútil, podría criticarse… Inútil para el que no tiene ojos, ni oídos, ni corazón, ni alma.
Ayer volví a flotar, ésta vez con Cyrano de Bergerac y en el Maestranza.
Momentos en que te apetece abrazar a la humanidad entera, en que encuentras sentido total a la existencia en la pura belleza de la composición total realizada por el hombre.
Venir del simio y llegar tan lejos.
Feliz de pensar que pude compartir esos momentos de éxtasis con Mariángeles y Fran, con Txema y Paula, con Iker.
¿Se necesita sensibilidad para apreciar una ópera de cinco actos en toda su intensidad?
Sí.
Que no te guste no implica nada, supongo.
Aunque me resulta difícil imaginar que pudiese parecerme interesante una persona que anoche asistiese a la velada que nos regaló Franco Alfano y se mantuviese impávida.
A vueltas con mis prejuicios, seguramente…
jueves, noviembre 12, 2009
Ser francés
domingo, noviembre 08, 2009
El puño cerrado
De los mejores recuerdos que tengo de por entonces eran los ratos que pasábamos en la cafetería. Íbamos ampliando nuestro círculo de amistades, nos pasábamos apuntes, nos explicábamos temarios inentendibles, hacíamos cábalas sobre nuestro futuro, ¿seremos capaces de acabar una carrera tan difícil?, ¿encontraremos trabajo en Sevilla?, ¿trabajaremos de aquello para lo que nos preparábamos?, ¿nos gustaba realmente lo que estudiábamos?
Luego pagábamos el café, recontando las monedas del poco dinero que teníamos, aún dependientes de nuestra familia, y volvíamos a la Biblioteca.
Es de esos años de cuando tengo la percepción clara del concepto de ‘tacaño’.
Por entonces pagábamos en pesetas, yo era consciente de que el poco dinero que teníamos lo conseguíamos de dar clases particulares, de trabajar alguna vez tras la barra de un bar, de hacer encuestas por la calle o, en la mayoría de los casos, de una paga semanal de nuestros padres.
Este compañero siempre se hacía el remolón a la hora de pagar el mísero café, pero no tardaba en perseguirte para recuperar el duro que te prestó para tomarte una palmera de chocolate diecisiete días antes. Poco importaba que tú le hubieras pagado el café más de la mitad de esos diecisiete días.
El duro de la palmera era imperdonable.
Memoria prodigiosa para el céntimo que prestó, enormes ganas de ir al baño a la hora de pagar.
Yo presumo de estar en el mundo. Sé quién tiene, quién pasa apuros, quién amasa fortunas y quién vive con lo justo.
No hay nada más ruin que una persona tacaña con sus amistades.
‘¡Es que el dinero cuesta mucho ganarlo!’
Precisamente por eso, porque cuesta mucho ganarlo, porque dedicamos tanto tiempo de nuestra vida a currar para que nos den a final de mes una nómina de la que somos esclavos; o beneficios aquellos que tienen sus propias empresas.
El fruto de mi esfuerzo lo comparto contigo, porque eres importante para mí.
Sé a quien no voy a dejar nunca pagar por muchas veces que ponga el dinero encima de la barra, porque de las personas cercanas me preocupo por saber.
No hay nada más hermoso que pelearse, de corazón y sin la mano tonta, por pagar. El tacaño nunca podrá imaginar el placer que se está perdiendo.
Ser desprendidos con lo material no es pura pose.
Afortunadamente, entre la gente a la que quiero presumo de tener personas generosas al máximo, seguramente en caso contrario no las querría tanto.
Bárbara, Isaac, Mariángeles, David, Alberto y Marian, Helio, Marta y Miguel, Beli, Montse, Bea Vega, Javi y Cristina, mi padre…Ni qué decir de Fran.
Gente espléndida.
lunes, noviembre 02, 2009
Prejuicios
‘Eres un tío con prejuicios’
Me duele, evidentemente. Como persona interesada en progresar por el buen camino, trato de razonar por qué a veces se me valora de ese modo.
Analicemos la palabra. Prejuicio.
Según leo en el diccionario:
‘Juicio que no está basado en la razón ni en el conocimiento, sino en ideas preconcebidas’.
Si razonamos al extremo, nunca podría ser amigo de un fascista. ¿Sería eso prejuicio? Entenderíamos que no. No se trata de ideas preconcebidas, sino de hechos constatados. Un fascista tiene ideas totalmente incompatibles con las mías. No podría establecer una relación de amistad con esa persona.
Pero, claro, eso es irse al extremo. Demasiado fácil de razonar.
Sin embargo, es cierto que muestro cierto resquemor a relacionarme con gente excesivamente religiosa, o folclórica, o pija, o superficial, o charlatana, o muy de derechas… Y pierdo grandes posibilidades.
Esta semana tuve la oportunidad de cenar con una empresaria sevillana hiper-pija. Coqueta, guapísima, emprendedora, de conversación hilarante, de mirada directa a los ojos. Me hablaba de la gentuza que se encuentra por la ciudad, de sus asistenta venticuatro horas… pero pasé una gran velada.
El pasado viernes me encontré con una llamada inesperada. Estaba en la playa y un amigo del que ya había perdido su número (no expresamente, simplemente el cambio de móvil me ha hecho perder muchos teléfonos de gente cercana) me llamó. Le animé a venir a cenar al bar de mis hermanas. Se presentó con un grupo de sevillanos, típicos en el sentido ‘estándar de la palabra’, flamenquitos, ‘graciosos’, habladores… Yo me dejé llevar. Me invitaron a la cena, me insistieron en tomar una copa con ellos. Encantadores.
Este domingo de puente de noviembre nos fuimos dos parejas a una casa rural, de éstas ‘con encanto’, a Marbella. Esta misma mañana tuvimos una conversación con la dueña mientras desayunábamos. En su discurso se mezclaban latigazos políticos que no dejaban lugar a dudas, pasando por la derecha al PP, al que casi demonizaba. Sin embargo nos habló de su recorrido vital por Colombia, Argentina, Marruecos, Bali… De qué descubrió en esos lugares, del placer que le supondría vivir en Senegal, entre negros que viven su religión sin estridencias y aman una vida pausada…
Nunca seré como ellos, pero ahí están… Mis prejuicios seguirán, pero yo iré luchando por moderarlos, sin dudas ganaré como persona.
miércoles, octubre 28, 2009
Soy como soy
-Soy así de desagradable diciendo las cosas, porque es mi forma de ser. Si te pego un grito es porque no sé expresarme mejor, a estas alturas no voy a cambiar...
En esta vida que disfrutamos, cada minuto es una oportunidad para cambiar el tiro y mejorarlo. Se nos ofrecen infinitas ocasiones de enderezar rumbos, en pequeñas cosas, en actitudes habituales.
No hay predestinaciones diabólicas que nos hagan ser un tipo antipático, protestón, desagradecido, envidioso o poco de fiar. No valen los argumentos de los años, de los tiros dados, de los desengaños vividos.
Los que se nos cruzan por nuestra vida a diario no tienen por qué aguantarnos frustraciones pasadas.
A ellos, a los conocidos y por conocer, les debemos nuestro intento constante de mostrar nuestra mejor cara.
La vida debe ser una prueba continua de que esto tiene sentido, como animales racionales válidos que somos.
Si un día te pego un grito, te pediré las disculpas sinceras de quien no se escuda en argumentos cansinos para justificar las carencias propias.
Si te pego un grito, perdóname.
No volverá a ocurrir.
miércoles, octubre 21, 2009
Empresas vitales
Es difícil no compartir la necesidad de esas estrategias para que la empresa sea solvente, pueda mantenerse en el mercado y, de esa forma, garantice el empleo que, no siendo un objetivo en sí, es la base para conseguir una sociedad sana, en que las personas puedan vivir con dignidad.
La empresa es la bestia que hay que alimentar, mimar, para que nos proteja de los avatares de una vida que, sin ese monstruo en busca de metas onerosas, sería desoladora.
Hay muchas personas que tratan de plantear sus vidas personales con la misma racionalidad que una empresa. Marcarse objetivos, definir estrategias.
El problema es que la meta final de nuestras vidas siempre es una derrota. Si aceptamos que toda la lucha e ilusiones acaban indefectiblemente en la muerte, toda estructuración pierde sentido.
La racionalidad, por tanto, es incompatible en un alto grado con los planteamientos de progreso personal; toparíamos con la más alta de las frustraciones.
Las personas más cuadriculadas en sus hábitos, en sus consignas y autoexigencias, las que tratan de llevarlo todo al terreno de lo estrictamente conveniente, son las más alejadas del terreno de aguas movedizas en que se regodea eso que llamamos felicidad.
Frente a la racionalidad, locura, mano izquierda, bases flexibles, mente abierta, risa tonta, ojos directos de miradas sinceras de comprensión hacia lo extraño.
No podemos exigirnos objetivos absolutos, los rendimientos no se pueden valorar en términos de rentabilidad.
La estrategia en sí es el objetivo cuando se trata de vivir.
A una empresa le importan los fines, a un ser vivo decente le importan los medios.
Cuando se asume que no hay donde llegar ni consejo de administración a quien rendir cuentas, uno entiende el acierto de la locura.
Rematadamente locos para saber vivir.
lunes, octubre 12, 2009
Best sellers...
Tiene que haber incluso connotaciones físicas, neuronales, que hagan recomendable pasar grandes ratos pegado a un libro, a una revista, a un periódico. Argumentos del tipo ‘haces trabajar al cerebro’, ‘integras informaciones de forma natural’, ‘te hace reflexionar’.
Cuando hablamos ya no de leer, sino de literatura, todo viene bien. Me explico. Incluso cuando lo que se tiene entre manos es de calidad ínfima, esa lectura supone un aprendizaje.
En nuestra época infantil leímos libros que ahora nos resultarían infumables. Historias juveniles en que se va en busca del tesoro perdido entre piratas sin atender en exceso a sutilezas, a personajes bien perfilados, incluso con estructuras poco trabajadas.
Cada cuál se queda en el escalón en el que se encuentra más cómodo.
Trato de llegar a la disyuntiva entre dos extremos: los best-sellers y la literatura, digamos… de culto. Enfrentar a Dan Brown con Sándor Márai, a Ildefonso Falcones con García Márquez, a Marc Lévy con Anna Gavalda.
Me reconozco perezoso para gastarme los euros en novelas donde la mercadotecnia consigue lanzar cientos de miles de ejemplares y venderlos, pero no les quito mérito.
Un best-seller lleva implicado obligatoriamente el concepto de calidad. Nadie vende millones de ejemplares si no hay una buena trama detrás. La gente no es tan borrega.
Simplemente cada cual es libre de tener motivaciones diferentes para leer o ir al cine. A gran parte de la sociedad no le apetece que le ‘coman la cabeza’, que le planteen preguntas transcendentes, existenciales, prefiere dejarse llevar por una sucesión de acciones bien conectadas sin importarle el que se profundice más o menos en el entorno, en los personajes, en el porqué…
Al leer un buen best-seller se disfruta deseando llegar al final, casi con paroxismo.
Cuando, en cambio, lees a Dostoievski, Mann o Martín Gaite, disfrutas queriendo que nunca acabe…
sábado, octubre 10, 2009
Paella
Ocurre de forma similar en la ciudadanía italiana, que aún apoya en más del cincuenta por ciento al chulo de Berlusconi, un desvergonzado machista, amenazador, engreído, chantajista que no sabe otra cosa que gritar más alto que el resto para intentar callar con dinero a quien piensa diferente.
Tenemos lo que nos merecemos.
No imagino a una sociedad como la sueca o la holandesa permitiendo este tipo de comportamientos. Allí ya llevarían varios meses fuera de la vida política, no me atrevo a decir en la cárcel, aunque lo piense, los Costa, Camps y compañía.
Estos son los que quieren dar 'Educación para la Ciudadanía' en inglés, porque ya que hay que darla, que al menos los alumnos no se enteren.
¿La ética?
Déjeme de ética, que a mí lo que me gusta es la paella valenciana.
Gente miserable.
domingo, octubre 04, 2009
La Gratomat
Ésta servía para quitar las rebabas de acero a una pieza de la caja de cambios, el planetario de tulipa, con una estructura muy rudimentaria: Tres potentes trompos actuaban al unísono, a muchas revoluciones y sincronizados, para ‘pelar’ los bordes de esta pieza.
El artefacto en sí daba muchos problemas. Generaba tanta viruta que ésta se depositaba en la base, donde se situaban el motor y una reductora que caían averiados más veces de lo aconsejable.
Era el terror de los mecánicos. Tener que entrar debajo de la Gratomat a reparar sus mecanismos. Por mucho que se protegiesen, salían llenos de ‘pinchos’ de acero clavados por todos lados.
Como decía uno de los encargados de Mantenimiento de la época: ‘Yo sé cuál es la solución para la Gratomat’.
‘Tirarla al Guadalquivir’.
El tiempo pasó, la tecnología evolucionó y ahora las piezas vienen con un nivel de calidad que no necesitan de ese ‘pelado’. Adiós a las virutas.
Recuerdo por entonces a un mecánico muy gordo, todo barriga. Recuerdo los turnos de noche que me tocaba compartir con él.
Pasaba esas noches contándome historias divertidísimas de su matrimonio. Al parecer su mujer era tan delgada como él gordo. Me hablaba de sus paseos con ella por el barrio, de las comidas que le preparaba, de sus vacaciones en la playa, mientras se comía unos bocadillos inabordables para otra persona que no fuese él.
Ese hombre, que ya no trabaja en la fábrica, era un personaje de sainete al estilo de los que aparecen en las obras de Manuel Machado. Cada vez que la Gratomat se estropeaba y le llamaban se ponía lívido y casi se le quitaba el hambre. Me decía entonces que le esperaba una larga mañana con su mujer quitándole la virutilla de los dedos con una pinza.
Esas noches en que tenía que meter su barriga entre los entresijos de la máquina terminaban con una llamada de timbre a eso de las ocho de la mañana en su piso de Pino Montano.
Su mujercita de 40 kilos le abría, él subía las manos, con dedos como erizos y ponía cara de puchero. Ella colocaba los brazos en jarra y le gritaba con voz de pito:
-¡Ay, niño! ¿Otra vez la Gratomat?
martes, septiembre 29, 2009
Píldora del día después
lunes, septiembre 28, 2009
¿Compasión?
Es difícil que a cualquier persona sensible no se le caiga el alma al suelo viendo a un niño terriblemente enfermo, a una persona con la cara deformada, a un viejo incapaz de sostenerse, a un ciego de ojos blancos tratando de trazar un camino en las tinieblas de nuestro mundo luminoso...
Hablaba de ello el otro día paseando por el centro de Sevilla con mi amiga 'La Polemique', al cruzarnos con una niña de seis o siete años con los músculos de las piernas atrofiados.
Mariángeles, La Polemique, vino a decirme que compadecer a esa niña es colocarte a un nivel inferior, es despreciarla, es creer en su imposibilidad para ser feliz y disfrutar, en su escala personal, del sentido más alto de su existencia.
Compasión suena a bondad, compadecer suena a prepotencia... y éste es el verbo de aquel sustantivo.
¿Bondad surgida de nuestra idea cuadriculada de lo que es la felicidad?, ¿prepotencia por pensar que estamos en el lado sano del mundo de los vivos?
Es un ejercicio complejo, que tendríamos que practicar, el de mirar de igual a igual a aquellos que nacieron o se enfrentaron a una existencia distinta, nunca menos válida que la nuestra.
Tal vez sean ellos quienes estén mas cerca de la Verdad...
jueves, septiembre 24, 2009
Guiños
El esfuerzo de agradecer, ofrecer una sonrisa o decir unos buenos días no tiene precio. Sin embargo, en esta sociedad tan avanzada en la que vivimos parece que no está en los principios educativos mostrar esa elegancia vital.
A mí me alegra el corazón que me haga un gesto de agradecimiento, simple, alguien que atraviesa por un paso de cebra tras frenar yo el coche. Sí, está en su derecho y es mi obligación parar, pero no está de más un leve movimiento de mano para decirme, lo aprecio.
Dar las gracias cuando alguien se levanta para dejarte pasar al ir a ocupar tu asiento en el cine, cuando te entregan el pan en la tienda, al apartarse en la acera para dejarte pasar cuando vas cargado, cuando algún compañero de trabajo te echa un cable…
No me resulta soportable la gente, amigos cercanos incluso, que gritan al camarero pidiendo una cerveza o unas tostadas, sin mirarle a la cara ni decirle gracias al ser servidos.
En la vida hay tres, cuatro, no más de cinco decisiones transcendentes que marcan nuestros destinos. En esas ocasiones hay que saber actuar con nobleza a sabiendas que podemos dar pasos equivocados.
Pero en las pequeñas decisiones, en los gestos sencillos, invisibles a casi todo el mundo salvo a quien tienes enfrente, no hay que dudarlo. Un guiño puede ser suficiente. Una sonrisa es de notable. Una palabra afectuosa, de sobresaliente.
domingo, septiembre 20, 2009
Arenys de Munt
Con Cataluña siempre he tenido una reacción sentimental fuerte. Ya hace muchos años que la pisé por primera vez, cuando practicaba remo y se celebraban en Bañolas los Campeonatos de España cada verano. Más tarde tuve la oportunidad de conocer gente en el Pirineo gerundense y tener incluso alguna relación amorosa en la estación de esquí de La Molina. Luego vinieron las Olimpiadas, donde pude pasar más de una semana y comenzar mi idilio con Barcelona.
Y debo decir que nunca me he sentido allí en el extranjero. Ni por asomo. Del mismo modo que confieso que tampoco siento estar del todo en casa, tan cómodo, relajado, despreocupado, como me pueda sentir en Las Palmas o Madrid.
Reconocerlo es, a mi entender, la clave.
Cataluña es singular.
Se podría hacer la comparación con una familia que tenga un miembro específico, adoptado, recogido, diferenciado. Poco importa la razón. La familia tiene que hacer un esfuerzo para integrarlo y, claro está, esa persona deberá saber adaptarse, pero siempre entendiendo que para ganarlo a la causa de la familia hay que respetarle su espacio propio, acordar determinadas reglas y respetarlas.
Cataluña es el vecino de nuestro bloque con el que compartimos patio, pero que tiene una salida específica a la calle. Ese vecino con quien nos cruzamos, pero que organiza su espacio de otra manera.
Yo aprecio a ese vecino, quiero a ese hermano adoptado, que habla distinto, que se mueve a otro ritmo, que delimita sus propias soledades.
Sé que para que se sienta bien con nosotros, no tenemos que jugar todos al mismo juego ni reír al unísono.
El círculo de los reproches hay que romperlo desde la actitud propia, la única que podemos manejar.
No quiero vivir en Cataluña, no quiero aprender catalán, no pretendo más que seguir conviviendo con una tierra que me aporta tanto, ver en el telediario noticias de Barcelona que no tengan por qué siempre ser políticas, contemplar de cerca su cosmopolitismo, saber que tengo a hora y media de avión un lugar donde nunca me sentiré en el extranjero, pero en el que siento que me debo desenvolver con respeto por una cultura, un pueblo, que se siente familia y defiende su forma de entender el mundo.
Quiero una Cataluña abierta, moderna, aquella de la que aprendí, la de Laforet, Dalí, Gaudí, Mendoza, Moix, Rodoreda, Gironella, Roig… una tierra siempre creativa, europea, adelantada, sana.
Me gustaría seguir asomándome al patio y viendo abierta la puerta del vecino que sale a otras horas, que vive otras emociones, que habla en otra lengua, pero también en un español de acentos fuertes conmigo.
domingo, septiembre 13, 2009
Clones
Me resulta manido el discurso de ‘yo ya tengo mi cupo de amistades completo’, ‘no tengo tiempo de integrar a nadie más’.
Presumo de tener un grupo de amigos de calidad, con quien comparto un cariño que sé que es mutuo, gente a la que sé que nunca renunciaré. Personas de quienes me siento orgulloso.
Como decía Marguerite Yourcenar a través de uno de sus personajes, ‘La amistad es, ante todo, certidumbre, y eso es lo que la distingue del amor’.
El otro día, charlando con Fran sobre este tema, él me decía que mi ambición secreta es encontrar muchas personas como Mariángeles, pero que a la máquina de clonar aún no le han dado marcha.
¡Doscientas Mariángeles por el mundo, a mi alrededor!, con distintas caras, profesiones, edades, sexos, circunstancias…
Cierto, yo quiero encontrar muchas personas como ella. Gente sin complejos, de mentalidad abierta, que saben decir un ‘no’ con buenos modales. En Mariángeles encuentro la dulzura sin empalagoseo, el interés eterno por descubrir el mundo, alguien que te demuestra su cariño en sus actos y de quien nunca dudarás que estará ahí siempre que las cosas vengan mal, o bien, dadas. Sexualmente impúdica, de conversación embaucadora, viajante y aventurera, siempre abierta a un baño a las cuatro de la mañana en la playa. Mujer responsable con su trabajo, preocupada por su sociedad, sin etiquetas políticas pero con convicciones profundas. La mejor de las amigas, incesante descubridora (y compartidora) de nuevos, o viejos, libros, películas de culto, estrenos de teatro. Vive sin estar pegada al móvil, pone palabras apropiadas a sus reconcomes personales sin avergonzarse, sabe estar en cualquier situación, con estilo, con simpatía. Amante de su familia por muchos ‘peros’ que en ella pueda encontrar, anti-provinciana, laica sin veneno en la lengua, frívola como la que más cuando apetece serlo. Coherente, serena, vividora, divertidísima.
Joyas como éstas son difíciles de descubrir. La mía está en Huelva.
jueves, septiembre 10, 2009
El dedo gordo del pie
Cierro los ojos, me repanchingo bien en el asiento y apoyo uno de mis pies suavemente contra la pata metálica del asiento delantero.
Trato de dormir, de buscar un punto entre el sueño y la realidad, concentrando toda mi sensibilidad en ese dedo gordo de mi pie en contacto con el metal del asiento y, a través de éste, con el armazón completo del avión.
Con toda mi atención concentrada en ese contacto, comienzo a distinguir cada pequeño movimiento del aparato. Una pequeña bajada, una oscilación, un ronroneo del motor… Empiezo a sentir entonces la velocidad, a ser consciente de los novecientos kilómetros por hora en medio de una atmósfera a esas alturas helada, agresiva, ventosa, inhumana.
Comprendo entonces toda mi fragilidad como ser humano.
Conectado a través de mi pie voy entrando en territorios a los que no se accede si uno no quiere.
Entiendo entonces al que busca la cima del Everest, al hombre que se adentra miles de metros bajo el nivel del mar, a quien se lanza a través de un rápido de aguas bravas, al que camina kilómetros por el desierto, por las llanuras de los polos.
Desde mi cobarde posición de quien sólo se quiere asomar a la fuerza incontrolable de la inmensa naturaleza a través de un dedo gordo en la base del asiento de un avión de línea regular…
lunes, septiembre 07, 2009
El mundo encima
Esa frase la acabo de sacar de ‘Las golondrinas de Kabul’, una aconsejable novela, dura, de Yasmina Khadra.
De primeras, la frase impresiona. Agresiva, retadora… la reflexión representa, bien analizada, un canto a la vida.
No es cuestión de pasar por este mundo dramatizando, ni que todas nuestras conversaciones sean profundas o deban escribirse con mayúsculas.
La clave es, simplemente, saber de nuestra fragilidad como la mayor de las fortalezas para encarar el día a día.
No desperdiciar nunca la oportunidad de mostrar que queremos a los nuestros, porque no sabemos nada de lo que vaya a pasar cinco minutos más tarde. No hablo de que a nadie se le tenga que caer un piano encima paseando por la calle. Hablo de vivir sin pensar en segundas oportunidades que tal vez no vengan, o no vengan iguales, o no igual de limpias.
Hay que vivir sin pensar en segundas oportunidades.
La sonrisa hay que regalarla, siempre. Las gracias hay que darlas, a toda costa. No regateemos un saludo, una caricia. Preguntemos a un compañero de trabajo si lo vemos tristón, paseémonos la playa si nos apetece, invitemos a una cerveza sin pensar en la cuenta corriente.
Nunca pensemos en otro día para poner la cara al viento.
Como dicen los chinos… ‘lo que no se da, se pierde’.
Se pierde para siempre.