x

¿Quieres conocerme mejor? Visita ahora mi nueva web, que incluye todo el contenido de este blog y mucho más:

salvador-navarro.com

domingo, abril 19, 2020

Conmoción

La clave de la salvación en esta pandemia está en el hecho de que todo el Primer Mundo ha sido atacado por igual. Mal irían las cosas si fuera el África Negra o el Sudeste Asiático los únicos perjudicados.

No ha sido una catástrofe natural en el sentido apoteósico del término, en cuanto a que las infraestructuras y el tejido productivo están plenamente a salvo. Todo está en su sitio para el día después; la clave es llegar enteros a ese momento. De ahí la importancia de que nuestros gobiernos, los de esos países que se dicen civilizados y prósperos, consigan mantener las constantes vitales de sus pueblos durante este tiempo.

Porque, a fin de cuentas, todo será dinero. El dinero que se inyecta para poder hibernar mientras no encontremos el antídoto, la vacuna.

Y el dinero es ficticio, no más que un invento del ser humano. Un invento en manos de los bancos centrales de los grandes países. Los países ricos se endeudarán con sus propios bancos centrales. Llegará un momento en que todos mirarán para otro lado y harán desaparecer esa deuda.

La clave es que es un problema genérico y de ricos.

Nadie está a salvo y ésa es nuestra salvación.

martes, abril 14, 2020

Maldad

En estos tiempos difíciles, surrealistas, trato de alejarme de personas con actitudes dañinas o de mensajes grupales tóxicos. Siento muy en el fondo de mi corazón que la humanidad se está poniendo a prueba, albergo esperanzas de que todo esto lo superemos cuanto antes y salgamos de nuestro encierro con una pizca más de empatía hacia lo esencial de nosotros como individuos y sociedad. Se dice que en las situaciones límite las personas luminosas buscan soluciones; las grises, en cambio, se lanzan a la caza de culpables.

Cualquiera que se pasee por la prensa de medio mundo, y no hay nada más fácil en los tiempos que corren, comprobará que en todos los países ocurren situaciones similares. Nadie estaba preparado suficientemente para este virus. No hay más que mirar el desbordamiento de los hospitales en Francia, la falta de respiradores en Estados Unidos, las palabras tragadas por Boris Johnson o el indigno de Bolsonaro.

Se acusa a nuestros gobernantes de improvisar. ¡Menos mal que improvisan! ¿O es que algún partido político tenía en su programa electoral la lucha contra pandemias de virus desconocidos? No queda más que ir improvisando medidas en base a las recomendaciones de los científicos, que no dudo que ofrecen lo mejor de ellos estos días para acertar en el diagnóstico. Ahora toca vigilar que lo decidido es coherente y se aplica de la mejor manera. Ya vendrá el tiempo de rendir cuentas. Siempre ocurre en democracia.

Ayer, sin embargo, apareció una señora de Vox de apellido Olano para acusar al Gobierno de estar ejerciendo una eutanasia masiva, por la vía de los hechos, a nuestros ancianos.

A esta mujer no habría que denunciarla por delito de odio, sino por delito de maldad. Y si no existe, hay que cambiar el código penal.

sábado, abril 11, 2020

Vértigo

Escribir regularmente me permite contemplarme con el paso del tiempo. En lo fundamental me encuentro coherente, pero hay una línea punteada que atraviesa mis escritos que me despista, una suerte de cambio de piel, menos sensible al exterior, más protectora de lo íntimo; no en cuanto a que no quiera mostrar cómo soy. No es cuestión de pudores, sino de intereses. La felicidad, creo que a mi pesar, va viniendo más de dentro que de fuera. No hablo de mi círculo íntimo, ni siquiera de la gente que me rodea. De todo el que está a mi lado presumo, todos me reconfortan. Hablo, tal vez, de las grandes palabras que definen al mundo, al hombre, a la sociedad, las banderas, los discursos, el futuro común. Puede ser que los años vayan confirmando sigilosamente en mí, sin mi permiso, una cierta frustración a que sea posible cambiar realmente nuestro destino.Sea cierto o erróneo, la idea me duele. He leído tanto, he reflexionado tanto, he puesto tantas expectativas en todo... Que ahora la felicidad la encuentro en mi mundo, el pequeño, el que se llena de nombres y apellidos, de caras conocidas y cercanas, de sonidos que conozco, de paisajes que paseo. En mi música, mis libros, el ordenador con el que me enfrento a diario para expulsar mis miedos y mis ilusiones, ésas que no quiero perder muy a pesar de esa serpiente de piel dura en que me estoy transformando sin yo quererlo.

domingo, abril 05, 2020

Estado

Qué mal ha sonado siempre este 'palabro': Estado. A muchos les sonaba arcaico, comunista, torticero, corrupto, invasivo, castrador, casposo...

Al hombre hay que dejarle libre en su individualidad. Que emprenda, que produzca, que cree, que invente... El Estado es la carga que todo lo quiere vampirizar, el que cercena y quita los recursos, la piedra que cualquier persona brillante tiene en los zapatos, la roca con la que todo currante tiene que cargar.

¡Cuántos liberales no han soñado con un país libre de Estado! Donde cada uno se pague su seguro sanitario privado, donde los impuestos se reduzcan al mínimo; un país sin subsidios ni ayudas. Ni 'paguitas'. Un país sólo de banderas. Que cada uno se curre su propio camino. ¡Que se mueran los feos!

Ahora viene un bicho diminuto y todos andan corriendo, empujando al de al lado, al grito de '¡a mí el Estado!', como cuando de pequeños venía la ola gigantesca en la playa y salíamos aterrorizados vociferando '¡Mamá!'

domingo, marzo 29, 2020

Enterados

En momentos de crisis, y vivimos una de proporciones bíblicas, se muestra el verdadero rostro de las personas. En su mayor parte, reacciones que se definen con adjetivos solidarios, humanos, de compasión, de fuerza, de espíritu de equipo. Pero también salen de sus cavernas los amargados que se relamen con los paisajes de color negro, con el agravante de que un individuo gris hace más ruido que veinte soles.

Son ellos los enterados, los que sabían todo lo que iba a pasar, los que acusan, los delatores. Son, están entre nosotros, los que critican una acción y la contraria, aquéllos que vieron en sus bolas mágicas mascarse la tragedia, pero se lo callaron. Los que escupen sin preguntar, los que amenazan sin interesarse por nada que no sea su propia verdad, construida de prepotencia y asco.

Cuando los que no podemos hacer mucho más que quedarnos en casa observamos la bravura con que todos los que tratan de salvar vidas se comportan, no veo mejor actitud que la de alabar los esfuerzos y aplaudir cada noche. No se nos pide más. No es momento de disparar a las pantorrillas de quienes tienen la responsabilidad de sacarnos de ésta.

Tenemos la suerte de vivir en un estado democrático donde, cuando las aguas vuelvan a su cauce, cada cual tendrá la oportunidad de ser juzgado.

miércoles, marzo 25, 2020

Vacío

Si escribo hoy es para mí. No he integrado una reflexión suficientemente elaborada que aporte nada nuevo a todo lo que he leído o escuchado en estos días surrealistas que vivimos. Me dejo llevar por la pandemia como un niño pequeño que abriese las puertas a un mundo de monstruos y payasos que no le permite cerrar la boca, asustado, divertido. Escandalizado. El niño duda hasta del suelo que pisa en ese nuevo universo al que ha tenido acceso, a pesar de comprobar que no está solo. Toda persona a la que ama está a ese otro lado también, pero no hay certezas. Busca la mirada de los demás para que alguien le guiñe el ojo, descubrir en alguna rendija el decorado, un infiltrado que le tranquilice confirmándole que todo está bajo control.

Todo va a pasar, es el lema recurrente en los luminosos. Todos los neones señalan claramente la dirección de salida. Esto es pasajero. Pero la puerta de salida no es la misma por la que el niño entró. No le pueden engañar. Todo es calma alrededor. Hay comida, hay risas, hay cariño. Sólo de vez en cuando se atraviesan imágenes de terror. 'Son desconocidos'.

¿Qué habrá tras esa puerta de salida? ¿Qué luz hará? ¿Cómo habremos digerido este espectáculo de feria? ¿Seremos más desconfiados o realmente mantendremos ese espíritu de risas? ¿Habrá un remolino de viento que nos engulla tras la calma? ¿Estará más despejado el horizonte?

Da miedo lo desconocido. Miro para atrás y ya no existe la puerta por la que entramos. Allí ya no hay nada. El juego es macabro y estamos dentro. Todo pasará, nos dicen. Vemos la puerta de salida. ¿Saldrá cara o cruz?

lunes, febrero 24, 2020

Virus

Estaba mi hermana Mónica sentada en su sofá del salón, con sus enredos de siempre, los cursos de inglés, las series de televisión y los vídeos de comidas saludables, cuando mi sobrino Iván, con sus portentosos 17 años de inocencia, se despidió para acostarse.

-Buenas noches, Iván -le dijo su tía.

-Buenas noches, Mónica -le respondió él-. Te quiero.

Ella se quedó a cuadros. ¿Te quiero? Tan rara era para ella esa expresión cariñosa que pronto todos los hermanos nos enteramos (y nos pusimos celosos). ¡Vaya niño cursi!, pensamos, pero todos queríamos que Iván nos dijera lo mismo.

Hace unos días, estando yo trabajando en París, Mónica me envió un mensaje precioso en el que me decía lo orgullosa que estaba de mí, por el cariño que me habían mostrado mis compañeros de Renault al organizarme una fiesta sorpresa de despedida de mi anterior trabajo, también por lo que me preocupo por estar pendiente de Iván... No recordaba yo un mensaje tan emotivo de mi hermana desde que tengo uso de razón, y me provocó una felicidad total.

Y uno reflexiona entonces y concluye: ¡pero si es tan fácil!

Sí, definitivamente, acaba de originarse el Navarrovirus del amor.

sábado, febrero 08, 2020

Divorcio

Esta semana un amigo mío ha firmado la sentencia de su divorcio. Lo hizo meses después de que éste se produjera y con petición previa de no coincidir con su pareja. Fue, según me cuenta, un trámite frío y sencillo.

-¿Qué esperabas? ¿Un séquito de plañideras?' -le comenté en tono de broma.

Curioso como es él, preguntó acerca de la tardanza de la firma y le dieron explicaciones variopintas, pero la más sólida era puramente gráfica.

-¿Ves esta enorme pila de documentos? -hablamos de medio metro de altura-. Pues son las sentencias de divorcio que se van a firmar solamente hoy en la ciudad de Sevilla.

Cuando me lo contaba sentí, con mi espíritu novelero de siempre, dos emociones contrapuestas: qué desastres somos los humanos y qué libres nos ha hecho la ley del divorcio.

No hay que retrotraerse mucho en el tiempo para asumir que esas pilas de papeles liberadoras no sólo no existían, sino que estaban prohibidas; se taponaba todo con el falso cierre de no querer admitir eso, que los humanos tenemos derecho a equivocarnos. En el tapón iban vidas perdidas para siempre, relaciones muertas, abusos, hipocresía.

Hoy en España hay quienes se dejan llevar por cantos de políticos que quieren volver a esos tiempos del 'no pasa nada'. Políticos que piden educar en el desconocimiento de la realidad de hombres y mujeres de carne y hueso, objetivamente imperfecta, para plantear que no es de buen español fracasar, ni ser diferente, ni querer llevar la mejor vida posible.


sábado, enero 25, 2020

Tía

Y resulta que en una cena familiar viene alguien a quien yo aprecio y me dice que es de Vox.

—Estás de coña, ¿verdad?

Por su cara vi que no.

—Entonces, me querrías encerrado por homosexual, ¿no?

—En ese tema, no —reacciona su mujer.

Debió ver la estupefacción en mi cara.

—No lo he votado, pero hay temas en los que coincido —decía.

—¿En que la violencia machista no existe?

—Es violencia familiar.

—Estamos a 24 de enero y van 5 mujeres muertas. ¿Violencia familiar o mujeres asesinadas por sus parejas?

—Hay denuncias falsas.

—¿Un 0,1 por ciento?

Nos separaron, porque en una cena familiar no es agradable este tipo de conversaciones. 

Se encargó más tarde de descalificar a un tipo definiéndolo como una tía mala. Adorable. Se me debió ver la cara de espanto. Entonces me viene a decir que coincide con Vox por su posición sobre Cataluña.

—¿Tanto quieres a España que no te importa que dos millones de personas se quieran largar?

—Han incumplido la ley.

—Y quienes lo han hecho están en la cárcel. ¿Quieres meter a dos millones de personas más en prisión?

Horror de ultraderecha. Y están a nuestro lado. Comiendo en nuestra mesa.

lunes, enero 13, 2020

Muerto


De mí se ríen, con cariño, porque me gusta visitar iglesias. Yo me defiendo con el argumento de que las principales riquezas arquitectónicas de las ciudades históricas pasan por los monumentos religiosos. No sólo no soy un meapilas, ni tan siquiera soy creyente, pero reconozco la sensación enorme de paz interior que me produce la belleza de determinadas iglesias. Me apasionan la simetría, el acabado, los relieves, el silencio, las alturas, los olores, las vidrieras, los significados ocultos y sus leyendas. No recuerdo en mis últimas semanas algo más fascinante que el tiempo pasado en el interior de la catedral de León.

Con ese espíritu llego a toda ciudad conocida, o por conocer, y con él llegué a la aislada ciudad de Braganza, escondida entre montañas en un terreno fronterizo de nadie al norte de Portugal. Capital de la región de Tras-os-montes. El nombre lo dice todo. Las calles estaban inmersas en una niebla de película de terror y la temperatura rozaba la de un congelador. En circunstancias así hay un argumento de más, lo calentitas que son las iglesias.

Tras visitar la antigua Seo, caminamos sin rumbo entre sus calles empinadas a la búsqueda del castillo, cuando dimos de bruces con un templo minúsculo guardando la esquina de una callejuela. La puerta estaba cerrada, pero vi a una mujer entrar, y la seguí. Si la iglesia era chica por fuera, más lo era por dentro. De pronto, vi que todo el mundo me miraba. Todo el mundo era un puñado de ancianas sentadas en círculo alrededor de lo que parecía una pila bautismal. Olía a incienso. Hice que no me di cuenta de la severidad con la que me observaban, caminé con sigilo y, definitivamente, di marcha atrás, sin descifrar qué pasaba allí.

Cuando me giré hacia la puerta vi a Fran con la cara desencajada.

-¿No has visto el muerto?

-¿Qué muerto? -pregunté.

-Te has paseado alrededor del cadáver de un viejo, envuelto en plástico, con medio cuerpo al aire.

-Joder -se me cortó el cuerpo y, sin mirar atrás, empujé a Fran para salir cuanto antes de allí. 

-Estaba en medio de todas las señoras con las que te has cruzado, tendido sobre una mesa de mármol -creí ver el plástico esparcido en mi memoria inmediata.

A veces me pasa eso, que me meto de lleno en determinados sitios con ganas de observarlo todo, y no veo ni siquiera al muerto.

jueves, enero 02, 2020

Ansiedad

Fue atravesar una pared desconocida. Se me acercó un compañero de trabajo, me hizo partícipe de un problema nada extraordinario y noté que no me llegaba la respiración. Mi cuerpo, de golpe, dijo hasta aquí hemos llegado. Puede hacer diez años de esa escena.

Dicen que la ansiedad es un exceso de futuro, la depresión un exceso de pasado y el estrés un exceso de presente. Definiciones acertadas por su generalidad.

Entender por primera vez que el cuerpo se me desajustaba fue angustioso, porque nunca me había planteado que eso pudiese ocurrir, que situaciones que yo sabía resolver con soltura provocaran en mi organismo una reacción de rechazo. No conseguir llenar los pulmones, tener el cuello contracturado, sufrir taquicardias inesperadas, maldormir por las noches.

Acudí a la Seguridad Social para pedir ayuda y me ofrecieron una medicación que resultó milagrosa en los primeros días, sobre todo en las primeras noches, pero que no terminaban de paliar el desajuste. Insistí, hasta acabar en un centro de salud mental en que me recetaron algo más fuerte que calmara mi profunda inquietud.

Ese medicamento, casi milagroso, me ayudó no tanto a superar esos episodios de ansiedad como a entender que eran resolubles. Meses después, tal como me indicaron, dejé progresivamente la medicación.

Luego vino todo un trabajo personal de establecer prioridades claras en cuanto a mis tareas profesionales que me ayudaron a convertirme en una persona más fuerte, menos sujeta a los vaivenes de las decisiones de otros, de los imprevistos y los malhumores que uno no tiene en su mano controlar.

Ha habido nuevas alertas que me han asustado, períodos difíciles que he debido controlar con las armas de la racionalidad, a sabiendas de la debilidad del cuerpo que nos sostiene.

Haber pasado por situaciones así me hace mejor persona, más empática con aquéllas que atraviesan por períodos, a veces eternos, de ansiedad o depresión. Haberla superado una vez me ha vacunado en cierta medida contra los peores efectos, porque sé que se puede salir victorioso, con el corazón más grande, el pulso firme y la creencia clara de qué es lo importante y lo que no.

domingo, diciembre 01, 2019

Trumpitos

Si hay un factor negativo determinante en el devenir del siglo XXI, ése no es otro que la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Su analfabetismo humano lo estamos pagando todas las sociedades. No es, en todo caso, un perfil que desconozcamos a nuestro alrededor; la desazón es que haya llegado tan lejos y afecte de forma tan directa a nuestros futuros.

Yo, por ejemplo, tengo a dos Trumps relativamente cerca; con todas sus características bien definidas y muy similares. Son personas de éxito que, además, carecen de escrúpulos y de empatías. Sus objetivos están por encima de todo y se ríen del mundo. Son personas fuertes que no se permiten dejarse manejar por sus defectos, gentes que obvian sus complejos. No se sienten cómodos teniendo a su alrededor gente intelectualmente potente, prefieren gente dócil que les ría las gracias. Dejan bien claro desde un principio, ante los desconocidos, cuáles son sus principios. Lo hacen de forma severa, para que al extraño no se le ocurra poner voz a pensamientos que vayan contra los suyos. Se alteran, incluso agresivamente, con aquéllos que osan llevarle la contraria. Más aun si eso ocurre en público. Andan como gallitos de pelea, presumen de su riqueza patrimonial, de la que alardean, y son amables contigo si les muestras admiración.

Existen. Son los Trumpitos. Viven para pisotear, se regocijan cuando lo consiguen y siempre quieren más. Son muy reacios a alabar a nada, o nadie. El resto del mundo es una conjura de necios, del que se ríen a carcajadas secas y cortas.

¿Cómo se lucha contra ellos? Ignorándolos. ¿Cómo se gana la batalla? No hay manera. Siempre surgen los adláteres que vendrán a halagarles a la búsqueda de algún premio menor.

jueves, octubre 10, 2019

Monstruos

La democracia crea monstruos.

El sistema menos imperfecto del que los humanos nos hemos dotado requiere evoluciones que impidan que personajes malvados, iletrados y ególatras como Donald Trump puedan llegar al poder.

Aún estamos a tiempo de que los países civilizados legislen para evitar que mentirosos compulsivos con aires de César gobiernen nuestros destinos. Mientras las cámaras legislativas sigan en manos de partidos medianamente sensatos se hace necesario elaborar reglas de juego de las que no se pueda salir. No podemos permitir partidos políticos o dirigentes que se burlen de sus contrincantes a golpe de tuits, sean estos ciudadanos de su país, oponentes políticos o países ajenos al suyo.

Hay que perfeccionar el sistema para evitar que se pueda votar con las vísceras, porque no todo vale. Ya Hitler salió de las urnas.

Una sociedad no puede estar al albur de lo que un fanático decida al tomarse la tercera coca-cola para desayunar tirado en su sofá.

Se proclama defensor de su pueblo a base de enemistarse con todos, de arruinar el comercio mundial, de reírse de los más débiles apoltronado en un PIB inigualable. Ahora los hombres blancos del interior de la América profunda sonríen satisfechos, con la cortedad de no saber mirar más allá, incapaces de reflexionar acerca de un futuro negro cuando los países a los que machaca su dirigente acabarán por arrastrar al planeta entero a una espiral de degradación de la que no escapará el Nerón que se dedicó a incendiar por doquier sintiéndose a salvo de su propia ira.

lunes, septiembre 16, 2019

Atención

Una de las mayores carencias que encuentro en mi entorno profesional es la de la atención. Perdemos horas carísimas en no escucharnos. No sé si será el espíritu díscolo español, un reflejo del mundo en el que vivimos o las pocas ganas que tenemos de aguantarnos, pero resulta complejo conseguir que, en una reunión de más de 5 personas en la que alguien está presentando un tema, no se formen conversaciones en paralelo. No sólo eso, incluso cuando estoy explicando algo concreto a alguien concreto siento, por sus interrupciones y preguntas incoherentes, que no me está escuchando. Eso sí, luego nos faltan horas en el trabajo para terminar nuestras tareas. Somos maestros del desaprovechamiento y de la improductividad.

Tal vez nací demasiado cuadriculado, entiendo que sí; así y todo llevo mal, muy mal, la incapacidad de los equipos de trabajo para dar su sitio a aquél que habla, expone, explica o desarrolla un tema.

Se trata simplemente de atender, y entender, lo que un compañero ha preparado para ti.

No sé si es un mal de nuestro tiempo, porque además la gente reacciona con cierto 'chuleo' a mis llamadas de atención. Todos queremos ser el centro del universo.

(En el trabajo y en la barra del bar)

Pero universo no hay más que uno.

martes, septiembre 03, 2019

Ocupados

Una manera equivoca de demostrar valía, a mi juicio, es exponer al mundo que te rodea lo muy atareado que estás, la de cosas que tienes entre manos, lo poco que te cunde el tiempo, la incapacidad para controlar tu agenda.

¡Los ocupados!

Quien más quien menos, todos tenemos rutinas, trabajos, proyectos, hobbies, placeres que convierten en entretenidos los días que corren. Estar vivos.

El problema es cuando esta actividad se impone en el discurso. Fatiga, mucho, escuchar a personas que lo único que saben decir es que no tienen tiempo para nada, porque al decirlo, si son cercanas, están en cierta forma diciendo que no tienen tiempo para ti.

Vivir no consiste en encadenar tareas que anulen nuestra libertad, sino equilibrar bien los momentos en que podemos trabajar nuestros planes con nuestro yo social. No dejar nunca de lado que somos animales sociales y que necesitamos a los demás, que somos necesitados por los demás.

Son enormemente atractivas las personas triunfadoras que no hacen gala de su esfuerzo.

No me atrae de ti lo mucho que curras, ni las palizas de yoga que te pegas, ni cuántos cursos de cocina has hecho. No te da más puntos, porque toda esa riqueza en ti la debo ver yo, no escuchar cómo me lo cuentas; los puntos los dan la calma, la sensatez, saber que te tengo ahí para charlar acerca de ti. Sin ventas ni marketing forzado, eso ya vendrá, fluido...

miércoles, agosto 21, 2019

Salvini

Yo voy más lejos que la condena a Salvini, yo pagaría dinero por fichar a uno de esos inmigrantes del Open Arms. Acostumbrado a cruzarme con gente apagada que maneja con soltura el verbo aburrirse, tener la posibilidad de contar con alguno de ellos, hayan pagado o no a mafias por escapar del infierno, sería todo un regalo. ¿Acaso no dejan familias atrás? ¿No abandonan paisajes infinitos en los que jugaron de chavales? ¿Alguien duda de que tienen miedo a la más estricta soledad de ciudades heladas donde serán tratados como parias?

Yo dedico más tiempo a pensar en cómo se puede llegar a votar a Salvini que en él como líder. Siempre han existido trasnochados arrogantes, narcisistas sin escrúpulos, gente mala que se abriga en su vileza para presumir de hombría. Tipejos que dicen la barbaridad más grande creyendo que por su boca escupen lo que muchos miserables no se atreven a pronunciar. Gentuza que busca en las tripas de gente amargada con sus vidas, para exprimirles la bilis y hacérsela vomitar en las urnas.

Yo me quedo con cualquiera de los del Open Arms. Ellos sí que quieren vivir a pleno pulmón.

Habrá quien me diga que los meta en mi casa, que les dé de comer, que me gaste el dinero en ellos, que quite de en medio a esos negros, a esos moros, a esos desdentados. Pero yo respondo que no soy ningún héroe, sino un ciudadano que quiere estar orgulloso de un país que acoja a esos valientes que un día decidieron abandonar un mundo que sí tuvieron para luchar por una vida decente.

Saldríamos ganando todos y pagarían las pensiones de los que hoy votan su muerte.

lunes, agosto 12, 2019

Otro

Una de las imágenes que retengo de mi reciente viaje a Londres es la de una ejecutiva en tacones agachada hacia un mendigo, hombre bien mayor, interesada por saber cómo estaba.

Querer no es poder, al menos no es sencillo.

Me gustaría tener esa capacidad para colocarme en cuclillas y prestar mi ayuda a cualquiera de los mendigos invisibles que me cruzo por mi ciudad. Querría tener la sonrisa perenne de quienes van por la vida con el corazón abierto; ser más disciplinado en mi conciencia ecológica, vencida mil veces por mi pereza; implicarme más en la sociedad civil, no sólo dedicarme a pagar cuotas a ONG's que tranquilizan mi conciencia; me gustaría ser más claro en mis posicionamientos, dejando de lado el miedo a la discrepancia; me apena no ser más constante en mis llamadas a los amigos, acordarme poco de las personas hoy ancianas que fueron importantes en mi vida. Querría tener menos miedo a preguntarle a la gente querida cómo está, ser más divertido contando chistes, no irme tan pronto a la cama cuando salgo de fiesta, ser más solidario con mis compañeros de trabajo, tener menos miedo a las enfermedades, evitar enamorarme de mis rutinas, escribir más, ver menos el móvil, leer más, sentir más, aprender más de música, tener menos prejuicios. Reír más. Amar sin cálculos. Ser ejemplar.

Querría no dejar de ser yo, siendo otro.

miércoles, agosto 07, 2019

Invisible

Pasar unos días solo en una megalópolis donde no hay amistades a quienes recurrir equivale a sumergirse en la más absoluta de las soledades. Eres invisible y esa sensación es definitivamente sanadora; te hace crecer, te provoca el investigarte por dentro, remueve tu pasado para identificar qué es lo que eres, minimiza tus logros para convertirlos en pistas de crecimiento.

Viajar con uno mismo entre calles abarrotadas es tener que hablar contigo, no rehuirte, afrontar quién eres y decidir si quieres seguir otro año más así, qué cosas hay que cambiar, cómo de viejo te sientes, cuántos proyectos te provocan pasión, cuánta gente te quiere, cómo de grande es tu amor por la vida.

No sacar conclusiones es grave, no decidir cambios lo es más.

En estas mañanas londinenses madrugo para desayunar entre desconocidos antes de patearme la ciudad en busca de entender quién soy, aunque sea a través de Ana Bolena, de Mark Rothko, del reflejo del puente del milenio en el Támesis o del sabor de un asado en un restaurante argentino de Marylebone.


miércoles, julio 17, 2019

Aria

Escuchar 'Mon coeur s'ouvre à ta voix' en su representación de los años 70 en el Covent Garden de Londres, observar cómo Shirley Verrett se derrite de amor en los brazos de Jon Vickers suspirando por su ternura es de una emoción indescriptible. Un mecanismo barato y directo para levitar fuera del mundo propio.

Y en ese instante, cuando aún resuenan los aplausos, viajar a Italia y teclear Tiziana Fabbricini en Youtube y dejarse arrastrar por su porte de mujer madura, envuelta en gasa negra, para acompañarla hacia el culmen final de su 'Mamma morta', cuando casi llega a caerse de la pasión con la que canta su desgarro a un teatro de Novara que se deshace en aclamaciones, rendidos como yo ante tanta belleza.

La belleza de Anna Netrebko en Baden Baden, enfundada en un ajustadísimo vestido de oro para ofrecerme una versión magistral de la Casta Diva de Norma, apoyada en una descomunal capacidad de transmitir desde sonidos a capella hasta finales explosivos con la orquesta, tremenda, a sus pies.

Hay tardes, tontas, en que uno puede volar, sin aditivos, sin compañía, sin dispendios, sólo dejándose llevar por la grandeza de mujeres excepcionales que, de vez en cuando, se ofrecen a cantar para mí el placer de estar vivos, la grandeza de la música, el enorme derroche del ser humano por alcanzar el cielo prometido.

martes, julio 09, 2019

Esquizofrenia

Al poco de llegar a vivir a Francia, allá por el 2002, saltó la sorpresa en las Elecciones Presidenciales. El previsible duelo del conservador Chirac con el socialista Jospin se convirtió, para horror de muchos, en una segunda vuelta entre Chirac y Le Pen. Yo mismo me manifesté en La Bastilla contra el horror. Ganó Chirac con el ochenta por ciento de los votos, de conservadores, socialistas, comunistas, liberales. Me produjo un enorme alivio.

Años después vi, ya desde España, el duelo televisado entre Macron y la hija de Le Pen. Las invectivas de ella contra el euro, contra los inmigrantes, contra el multilateralismo se volvía azucarillo ante las réplicas impecables de Macron. ¿Cómo pagará la deuda de Francia si sale de la Unión Europea? ¿Cómo garantiza la supervivencia del sistema de pensiones si no entran inmigrantes a realizar trabajos que los franceses no quieren hacer? ¿Cómo pretende vender nuestros productos en el resto del mundo si cierra las fronteras?

Mi mayor satisfacción, sin embargo, estaba en saber que en España no teníamos un Frente Nacional.

Pero el Frente Nacional llegó, con su oscurantismo, su xenofobia, su homofobia, su soberbia, su ridiculización de los 'progres', su visión exclusivamente castellana de un país que dicen amar y que no entienden.

Hubo un líder en España que se vendió como el Macron hispano. El liberal, el salvador, el de la cartera limpia y el corazón rojigualda. El que hablaba de otra España posible, desacomplejada y pujante. Y yo casi le creí.

Hoy gobierna gracias a votos de Vox, pero dice que no. Acepta llamar a la violencia de género violencia intrafamiliar, pero dice que no. Se sienta cinco horas con la ultraderecha para mendigar un gobierno, pero dice que sólo tomaban un café. Habla de la socialdemocracia como de una corriente anticonstitucional y admite los apoyos de quienes quieren suprimir nuestro estado autonómico. Y se presenta en desfiles reivindicativos de millones de personas que hemos tenido que estar aguantando media vida de insultos, chistes groseros y desprecios sobre nuestra sexualidad y pretende que le lancemos vítores.

Esquizofrenia ciudadana, norte perdido, pena de oportunidad desperdiciada para siempre. Nunca mi voto.