Cenábamos esta semana los tres en El Contenedor, Iván, Fran y yo.
—¿Entre tus amigos hay quienes simpaticen con la extrema derecha? —le pregunté a Iván, ávido de hablar de todo.
—¿Cómo va a haberlos, Bore? —Me encanta que me llame Bore—. Si en mi pandilla hay una filipina, un chino y un boliviano.
—Cierto —reflexioné.
Con 23 esplendorosos años, me inquieta que mi sobrino se deje llevar por esos cantos de sirena de quienes no tienen idea de lo que fue el fascismo.
—No sabes cuánto me alegro, Iván.
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