La vida laboral no se puede extender indefinidamente, porque el cuerpo va diseñando anticuerpos que se rebelan contra toda forma de alienación y, salvo que tu trabajo te apasione, algo que muy pocos afortunados tienen el placer de decir, llega un punto que estás hasta el gorro de aguantar presiones para conseguir objetivos.
Ya no es ésa la ficha de la que tienen que tirar para motivarte, ésa ya está amortizada por mucho que la cambien de forma y de color.
La clave está en la sonrisa de los compañeros a los que quieres.
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