viernes, octubre 22, 2010

Desajustes

En las páginas que habíamos impreso sacadas de internet para conocer un poco la historia, recomendaciones e informaciones básicas de Guangzhou (Cantón) se nos explicaba que había dos líneas de metro y la tercera en construcción.

Cuando solicitamos ayer, al llegar al hotel tras el trabajo, un plano de la ciudad, aparecía una red de metro con cinco líneas.

Tras explicarnos el conserje del metro cómo llegar a la estación más cercana, comprobamos que había al menos dos líneas más de las que estaban reflejadas en el folleto del hotel, que no tenía pinta de haber sido editado mucho tiempo atrás.

Tomamos el metro para ir a Beijing lu (la calle Pekín), arteria comercial de la ciudad. Impecable, inmenso, casi oliendo a recién hecho, todas las pantallas táctiles, informatizado al máximo, tomamos un par de líneas para llegar allí.

Pablo se dejó secuestrar para comprar ropa en el 'fake market', el mercado de lo falso. Yo tenía ganas de un paseo y una cerveza a solas.

Se me acercaban mujeres, me hablaban en chino, me abrían el bolso y me sacaban folletos de relojes: 'guáshe, guáshe', o de pantalones, o de joyas... Un chavalito se acercó con una navaja y unos zapatos. Antes de que me diera cuenta le rajó por la mitad la suela, sacó un pegamento mágico y volvió a pegarla. Con cara de estreñimiento apretó y apretó, luego me pasó el zapato. Yo pasé del tema, porque, en caso contrario, tenía a este chino para rato; pero el pegamento debía ser impresionante. Artilugios que se lanzaban al aire, aparatos para masajearte, cacerolas para hervir no sé qué masa de no se qué comida. Pero de bar, nada. Un simple bar con una simple cerveza.

Recorrí las calles adyacentes en busca de algún sitio relajado, de algún templo budista, de edificios que visitar... No los encontré. Tras esperar hora y media a Pablo, decidí cenar en el hotel.

A esta generación china le faltan, a mi entender, al menos dos generaciones para pasar a disfrutar la ciudad nueva, infraestructuras y riquezas que les están plantando como setas a su alrededor.

Vengo de un Japón donde la gente se ha hecho a sí misma y la sofisticación y el buen hacer han venido naciendo con el pueblo.

Aquí, en China, tienes la sensación de viajar en metro con personas iletradas que están desbordadas por tanto desarrollo. Seguramente me equivoque.

Pregunté en la fábrica cuánto ganaba un operario de la línea. Me dijeron 3000 yuanes (400 euros). Pensé que ganarían menos. Aún así, todo este mundo de consumismo acelerado que le están edificando por todos lados puede acabar desajustándoles.

Desajustando a una sociedad entera, currante y despistada.

1 comentario:

Alforte dijo...

Es todo muy "fake" , muy "Made In China"...