Una de las muchísimas cosas que me gusta de Valladolid, donde paso tanto tiempo, es lo calentito que se está en todos los sitios.
En Sevilla, con un invierno mucho más suave, se pasa un frío tremendo en los locales. Puertas abiertas, escasez de calefacción, suelos de mármol.
Ocurre que las ciudades, como las personas, viven de acuerdo a su fama. Las calurosas están repletas de climatización, las acostumbradas a bajar de los cero grados, en cambio, son expertas en la calefacción, de modo que no disfrutas de las ventajas del clima de cada una.
Yo no he pasado más calor que en el verano parisino, en mi apartamento de Boulevard Port Royal.
A algunos humanos les pasa igual, potencian su lado bueno y se olvidan de peinarse.
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