La joven llevaba bloqueando un rato esa nevera comprobándolos uno por uno.
Fue a por mis manzanas coloradas, a por las cápsulas del café y a la pescadería a que me preparasen un filete de salmón, antes de volver a la caja. Tiré por el pasillo más despejado y allí seguía ella, mirando yogures.
No podría convivir con alguien tan indeciso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario