Cuando Fran me dice que me queda muy bien un pantalón, no me lo quito en días.
Lo grave es que me lo dice a diario: pantalones, camisas y zapatos. Así que me tiene loco.
Que te amen es una cosa, que además te lo manifiesten es una medicina que no tiene parangón.
Aunque uno sabe cómo es, el cuerpo que tiene y la ropa que se compra, tener a alguien que te mire con ojos entusiastas te hace caminar con paso firme.
No es el pantalón, es la mirada.
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