De Ceuta solo tengo claro que quiero lo mejor para ella.
De todo lo demás tengo dudas y muchos miedos: todos los que aparecen cuando se agita un avispero. Se dan todos los ingredientes: un régimen autocrático a nuestras puertas, miles de desheredados en busca de un futuro mejor, unas relaciones diplomáticas más que críticas, un gobierno lento en reaccionar, una xenofobia en aumento, mafias que operan con mercado humano, una radicalización del enfrentamiento político nacional, manifestaciones politizadas con consignas que nos expulsan a muchos. Nada ayuda, todo estropea.
Creo que la única solución pasa por mantener la cabeza fría, acelerar el traslado de los inmigrantes a un sitio digno y comenzar a tratar los casos uno por uno. Con transparencia. Con celeridad. Con humanidad. Que cada día tengamos el parte de cuántos quedan en las calles, cuántos han sido devueltos a sus países y cuántos se acogen al derecho de asilo.
Por Ceuta y por nuestra dignidad: hagamos las cosas bien y rápido.
Necesitamos saber qué pasó.
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