Sí. Estamos en 2026. No podíamos pedirle tanta precisión al buen hombre. No, tampoco existe ese Gran Hermano que desde pantallas gigantes nos dicta qué tenemos que hacer.
Tal vez sea peor, porque es el mismo escenario pero más sutil, porque nos creemos libres.
Sin embargo, vamos enganchados a un móvil que nos muestra lo que queremos ver y nos oculta aquello con lo que no estamos de acuerdo: nunca me propondrá comida india, porque no me gusta; ni reflexiones de un tipo de derechas, porque no las comparto; ni me invitará a leer una novela romántica.
No hay una gran pantalla que nos domine, sino una pequeñita, en nuestros bolsillos, que nos dice qué bien lo hacemos.
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