Hay alarmas que saltan en las redes para recordarme cumpleaños de gente que ya no trato: personas que en un período de mi vida veía a diario, con las que viajé a solucionar problemas para la empresa, con quienes preparé decenas de exámenes en la universidad, amigos a quienes les confesé mi homosexualidad.
Entonces rastreo sus fotos y no reconozco al tipo que fue, ni la niña que conocí, ni el confidente de entonces.
No me atrevo a preguntarles por reparo a lo que me puedan contar o, qué sé yo, por miedo a que pasen de mí.
Hubo tiempos en los que algunos fueron imprescindibles.
Da vértigo la vida.
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