Las semanas en que visito fábricas de mi empresa son agotadoras, porque todos los ojos me atraviesan y todas las explicaciones se dirigen a mí.
Hay momentos en los que la responsabilidad me desborda, por la importancia técnica o económica de lo que comparten conmigo, esperando mi criterio.
Es entonces cuando saco el niño curioso que hay en mí para sacudirme la presión, quitar dramatismo al asunto y disfrutar del trabajo: empiezo a preguntar yo, a tomar la manija, a rebuscar con inteligencia las claves de todo, a divertirme con lo que aprendo.
Ellos no saben que soy más efectivo cuando más infantil me vuelvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario