─Mira, Fran, lo que me ha escrito Raquel.
Entonces él coge el móvil, se pone las gafas y lee el mensaje con un ligerísimo mover de labios.
Él lee, con ese recitar inconsciente, y yo muero interpretando las palabras en su boca.
─¿Qué miras? ─protesta.
─A ti.
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