martes, diciembre 06, 2011

Veneno

Recuerdo que mi primer gran jefe en el trabajo me llevó un día a su despacho:

-Salva, tengo informes de ti y creo que te llevas demasiado bien con tus 'subordinados'.

Ante mi asombro, siguió con su discurso:

-No eres consciente de que así no pueden funcionar las cosas. Y si te traigo a mi despacho es para meterte veneno en el cuerpo.

De eso hace más de quince años, y parece que hubiesen pasado generaciones enteras entre esa situación y la actual.

Afortunadamente, pertenezco a una empresa en la que cada vez se profundiza más en el respeto al asalariado y en que determinados comportamientos no son admisibles vengan de la jerarquía que vengan.

Sé, con certeza, que no en todos sitios es así. He vivido experiencias muy cercanas en las que el 'chuleo' era moneda común entre los empresarios y, he de decir también, algunas de esas empresas se han hundido como azucarillos en cuanto llegó la crisis.

Me asusta este período de incertidumbre que vivimos porque se pueden venir abajo muchas conquistas laborales, no sólo en salarios y calendarios, sino en temas tan poco 'medibles' como son las relaciones entre líneas jerárquicas que tanto trabajo ha llevado ir corrigiendo, matizando, humanizando.

Cuando a uno le dicen que tiene un trato demasiado humano con su equipo de trabajo, el razonamiento a emplear es bastante claro, casi de perogrullo:

'Me llevo bien con mi equipo porque soy egoísta. Que ellos se sientan bien, valorados, que haya confianza y comunicación entre todos es la mejor forma de hacer productivo a un grupo de personas en busca de objetivos económicos para una empresa que, lo queramos o no, no deja de ser un ente abstracto'.

El veneno que me querían insuflar hace quince años no era más que veneno improductivo.

3 comentarios:

Julián dijo...

¡Qué bueno!

Alforte dijo...

Parece mentira que aún existan empresarios que desconozcan uno de los pilares para que una empresa funcione : tener contentos a sus trabajadores. Aunque muchos jefes utilizan la crisis para su provecho y cambiar las reglas del juego a su favor.
Bsote

Anónimo dijo...

Mi experiencia me dice que un responsable excesivamente desconfiado fue previamente un subordinado que no merecía confianza. Debe ser por aquello de que el ladrón cree que todo el mundo es de su condición.

Salu2