domingo, diciembre 18, 2011

Luces encendidas

La gente mala piensa que los demás son de su misma condición. La gente hipócrita, también.

La situación laboral en España está en su peor momento desde hace decenios, por lo que el personal que tiene la fortuna de tener un trabajo bien hace en protegerlo. Se han reducido al mínimo las cifras de absentismo y la conflictividad laboral. En el caso del absentismo porque había mucho aprovechado que abusaba de unos derechos que no se nos pueden denegar a los trabajadores, en el caso de los conflictos como consecuencia lógica del miedo a perder el empleo en momentos en que el empresario tiene las de ganar.

Desde que comencé a trabajar, en los años noventa, hay algunas actitudes observadas entre compañeros que me producen especial irritación, y casi todas tienen que ver con los 'trepas'. Aquéllos que hacen la mitad de lo que les corresponde y dicen hacer el doble, los que dedican las horas de las máquinas de café a torpedear la reputación y el esfuerzo de otros en beneficio propio, los que se saltan toda jerarquía para establecer enlaces interesados que le eviten años de esfuerzo con el objetivo único de ser más, ganar más y más rápido, sin importar que esto sea justo o no.

Hay una actitud, excesivamente extendida, que especialmente me pone nervioso. La actitud de los 'luces encendidas'.

Como animal que deja su orina en el pie de los árboles para marcar territorio, son habituales aquéllos que mantienen las luces encendidas de su despacho para mostrar 'al mundo' que ellos son los últimos en irse, aunque esto sea justo un minuto después de irse el jefe, aunque lo hagan a base de rellenar solitarios o de hablar por teléfono con los amigos.

Son los que acumulan los emails para enviarlos a última hora, los que recuerdan a cada momento las horas que echan en el trabajo, los que dicen anteponer la empresa por encima de cualquier cosa, los que critican tus hobbies y vida social, los que envenenan la sangre al personal en la máquina del café.

La clave es el boicot a esas actitudes. No valorar las horas trabajadas sino el resultado de tus esfuerzos.

Las empresas deben tender cada vez con más ahínco, y a pesar de la crisis, a fomentar el trabajo bien hecho en calidad.

Tenemos que construir una sociedad sana en la que sepamos sacar el máximo de nosotros en el tiempo que dedicamos a crear riqueza para poder disfrutarla y no olvidar que el trabajo se 'inventó' para dignificarnos y hacernos vivir como personas capaces de tener los recursos necesarios para disfrutar de esta vida.

3 comentarios:

Alforte dijo...

Esa fauna laboral tan bien descrita es tan real como penosa, aunque lo que realmente es más lamentable es que aún en algunas empresas se valore mucho más el ruido del que hacen gala los trepas que al trabajo y objetivos cumplidos por parte de los buenos trabajadores, los cuales suelen hacer de la discreción una cualidad majestuosa.
bsote

Anónimo dijo...

En el mundo de la empresa, vemos como la proporción de personal reconocido y premiado por esa vía que describes es superior al de gente premiada sin obedecer a ese cliché. Afortunadamente también hay justos en Sodoma.

Salu2

Fernando

Anónimo dijo...

En la soledad y responsabilidad del jefe está el saber reconocer a esta especie y darle un justo tratamiento. Lo que ocurre, pienso, es que , a veces, estos tipos “subepalmeras” nos suelen sacar de ciertos atolladeros cuando de “tocar el violín” se trata . En cualquier caso, en una organización que se precie de trabajar por objetivos, y realmente así lo haga, el “royo” de esta gente dura menos que un salivazo en una plancha…¿no habrá cierto grado de responsabilidad en quién permite su existencia?...o tal vez de ¿ignorancia?
Saludos
Mongeront