domingo, diciembre 25, 2011

Ópera

Pocas cosas me hacen defender con más fuerza la espiritualidad del hombre que su capacidad para hacer música.

Es un don que poca gente atesora, pero casi nadie es insensible a ella.

Difícil encontrar un género que me desagrade, desde el pop al jazz pasando por la música electrónica, es sin duda -para mí- la ópera lo más grande. en cuanto combinación perfecta de todas las artes. La escenografía, la literatura, el teatro y, por encima de todo, la música.

De mis años en París me traje muchas cosas, pero dos fundamentales: el placer del vino y el amor a la ópera.

La primera vez fue una cómica, La Cenicienta de Rossini, en el templo de la música que es la ópera Garnier. Me dejé casi cien euros en poder sumergirme en ese ambiente mezcla de burguesía parisina y eclecticismo bohemio, contemplando los grandes frescos de Chagal o tomando la copa de champán en el entreacto.

Lo hice por experimentar, y aluciné.

Pero aún no había llegado Puccini y la ópera de la Bastilla, ni esa invitación que me hizo un amigo canario a acudir.

Quedé tan impactado que yo, de memoria fragilísima, aún recuerdo cada detalle, el escenario completo, la cena de después, mi interpretación de ese drama.

Sin embargo, por encima de todo lo accesorio estaba la música. La capacidad que alguien tuvo para enfrentarse a un papel y componer melodías que te emocionan, te elevan, llegan a tu última célula para removerla y hacerte sentir dichoso.

Son muchas las ocasiones en que llego a casa por la noche y me coloco delante del ordenador. Abro el youtube aún a sabiendas que no es el mejor método, y comienzo a buscar arias de distintas épocas: 'mon coeur s'ouvre à ta voix' en una interpretación difícilmente superable de Shirley Verret en el Covent Garden de Londres en 1975, o la 'Casta Diva' interpretada por Anna Netrebko en Baden-Baden, o 'La Mamma Morta' cantada por Tiziana Fabbricini en el Teatro de Novara...

La música te eterniza, te abstrae del hoy, te purifica, te hace mejor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta tu entrada,peroooo...¿Que me dices de Turandot?...¿no te parece magnífica?
Saludos
Mongeront