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salvador-navarro.com

jueves, junio 30, 2011

Los otros

La experiencia que cada uno tiene del ser humano es la que acumula a partir de su unicidad y su propia piel. No tenemos derecho a vivir dos vidas y eso relativiza nuestras opiniones, reduciéndolas al limitado mundo de nuestras sensaciones.

Hay veces, al menos así lo siento, en que creemos ver nuestro alrededor como un decorado eterno. Etapas en que te crees un ser sometido a cambios que sólo en ti se producen, que sólo en ti están las dudas, que los demás entienden de la vida como si siempre la hubiesen vivido.

Cumples los años y entras en mundos diferentes, pero eres joven y percibes que los jóvenes que hay a tu lado siempre lo han sido y conocen las reglas. Comienzas a currar, a enamorarte o a buscarte la vida creyendo que hay reglas, formas de hacerlo bien o mal, sin pararte a pensar que todos los que empiezan a labrarse camino lo hacen por vez primera, como tú.

Llegan los treinta y sientes que comienzas a entender el mundo, pero el resto de treintañeros han entrado en ese túnel de despedida de la juventud en paralelo a ti, reconociéndose diferentes a su manera, despistados, curiosos, maduros... pero no más que tú.

Cumples los cuarenta, los cuarenta y tres... y ves a los que tienen esa edad con los ojos de quien cree que está mirando a alguien que sabe de qué van esas canas, la llegada a regiones más tranquilas, con otras responsabilidades, un sexo distinto, un sosiego rebuscado en detalles tontos.

Evolucionas por vez primera en edades que nunca descubriste ni volverás a descubrir, viendo imágenes paradas a tu alrededor que nunca estuvieron congeladas.

El mundo que conocemos evoluciona con nosotros al mismo tiempo. El despiste es el mismo. Todo lo que viene es desconocido y no sólo somos nosotros, no soy sólo yo, sino el universo quien crece con nosotros.

Miras a alguien a los ojos y crees ver seguridad, prestanza, sosiego... pero tal vez él mire en los tuyos la certeza que tú no tienes.

No hay leyes, no hay caminos labrados, para nadie.

Hasta el más sabio titubea al andar ese camino que no tiene vuelta atrás.

Los otros son como tú.

3 comentarios:

Miguel dijo...

En efecto, Salva, la vida es un decorado y uno participa en ella, pero esta en nosotros en saber como manejar los hilos y desenvolverse por ella, aprendiendo de cada etapa, de cada mirada, de cada momento... Todo esto se puede resumir en que el tiempo no perdona, pero hay que saber aceptarlo y evolucionar junto a él.

frantic dijo...

Magnífica entrada, como todo tu blog en general. Lo sigo bastante aunque no deje comentarios, pero esta vez hago una excepción para decirte que por fin he leído "No te supe perder" y me ha parecido un gran libro. A pesar del tema tan sórdido que trata, me enganchó totalmente. Desde el punto de vista literario, debo alabar la construcción de los personajes y en especial la de Yann: un personaje redondo y muy bien configurado, sin flecos.

Enhorabuena.

Salvador Navarro dijo...

¡¡¡Gracias, Frantic!!!

Es todo un honor recibir este comentario tuyo. ¿Sabes que estamos adaptando la novela para un largometraje?

Espero no defraudarte en la próxima historia que escriba.

Un beso,
Salva