lunes, agosto 26, 2013

Rocas

Bañándome plácidamente una noche de mi última semana de vacaciones en la costa granadina, con esa mole de montaña tras de mí y el cielo estrellado como techo, me acordaba de las primeras enseñanzas acerca de la formación de las estrellas, de las sierras montañosas en períodos en que la unidad de medida son los cientos de miles, millones de años. Época en que uno aprendía acerca de la evolución del hombre, de las eras glaciales, del nacimiento de las estrellas comparándolo con el tiempo presente, casi eterno en tu juventud.

Eran comparables, todo el pasado infinito, con un aquí y ahora tan enorme como aquél. Nuestro mundo era consecuencia de todo lo anterior y nosotros, parecía, lo disfrutábamos a cámara lenta, para siempre. El hoy era tan grande como todo el ayer concentrado en un pergamino.

Sin darse uno cuenta un día te miras al espejo, otro recuerdas el tiempo de los estudios, del despertar al sexo, de los primeros amigos y llega un momento, imprevisible y traicionero, en que te das cuenta de que esos millones de años del pasado se van agigantando, de que la rueda de las rocas y las estrellas se va haciendo incontrolable y tu presente diminuto.

Cuanto más grande es esa roca devoradora imposible de frenar que se dirige inconmensurable hacia ti más aprecias lo vivido, más te afanas en disfrutar del ahora y eres cada día más inteligente para comprender que toda la verdad de esta vida se encuentra en el amor.

2 comentarios:

MARÍA dijo...

Hola Salvador,

He llegado a tu blog hace poco tiempo leyendo una página o noticia literaria en Internet y atravesando una especie de laberinto en la red que, sin saber cómo, me llevó hasta él. Me gustó mucho lo primero que leí sobre tu experiencia vital con la literatura y me interesó conocerte más, hasta el punto de considerarte en estos últimos días uno de mis autores favoritos cuya lectura me agrada sinceramente. El caso es que se me ha ocurrido escribirte estas líneas para contarte que en la distancia, (aunque no mucha, vivo en Málaga),tienes una nueva amiga virtual, si me lo permites. Soy de tu edad más o menos y me parece fantástico y hasta divertido haber encontrado de esta forma tan casual a una persona como tú, con la que me siento tan identificada en cuanto a reflexiones, planteamientos, preguntas y supuestas respuestas. Soy funcionaria y, como a casi todos los que nos gusta leer, poco satisfecha con las verdades absolutas, un motivo más para seguirte. En fin, me apetecía presentarme y decirte que encantada de conocerte.

Salvador Navarro dijo...

Ni te imaginas, María, el bien que me hace recibir mensajes como el tuyo. Saber que, en algún lugar del mundo, alguien escucha (y comparte) mis reflexiones acerca de lo que somos o dejamos de ser.

Málaga está tan cerca.