domingo, julio 15, 2012

La palabra dada

Creo que pocos ciudadanos españoles son inconscientes respecto a la situación dificilísima que nos ha tocado vivir.

Tal como se están desarrollando los acontecimientos, sin embargo, pienso que la clase política subestima esa conciencia colectiva de asunción de la gravedad del período que atravesamos.

Cuando Rajoy presentó su agresivo programa electoral, estableció una serie de compromisos con esos ciudadanos que, mayoritariamente, le votaron.

Es claro que este político, presidente del Partido Popular, conocía de primera mano las cuentas de la gran mayoría de las comunidades autónomas, porque es su partido quien gobernaba.

Del mismo modo, en los tiempos que corren es difícil ocultar cifras por parte del gobierno central o el resto de comunidades. Más de un mecanismo tiene nuestra democracia para fiscalizar las cuentas públicas.

Es un hecho, por tanto, que Rajoy había establecido su programa en base a datos conocidos: Deuda, déficit, paro. Es otro hecho que sabía en qué situación se encontraba inmersa Europa y cuál era la posición de los mercados respecto a los países del Sur.

En base a todo esto debió establecer un diagnóstico y una determinada cura, materializada en un programa electoral que se presentó a votación en noviembre del 2011.

Pues bien, recién elegido, en el primer Consejo de Ministros, vino a hacer lo contrario de lo que había prometido: Subió los impuestos y abarató el despido.

En todo este tiempo ha ido deshaciendo a base de decretos-ley todos los compromisos que un tiempo atrás acordó con la ciudadanía.

Ridiculizó a Zapatero por subir el IVA, por tocar el salario de los funcionarios, por eliminar la deducción de la vivienda.

¿Qué información le faltaba a este hombre para no haber respetado su compromiso con el pueblo?

Si era tan ingenuo como para pensar que el simple cambio de gobierno iba a resolver los problemas de España debemos deducir que no estaba a la altura de las circunstancias, ni él ni su partido. Si, por el contrario, era consciente de que el simple hecho de retirar a Zapatero no era argumento suficiente para que España recuperara la confianza de los mercados, entonces estamos hablando de un ser maquiavélico y manipulador.

Inoperancia o inmoralidad, lo único cierto es que nos gobierna un señor que no ha sabido mantener la palabra dada.

Eso es imperdonable y antidemocrático.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy absolutamente de acuerdo contigo en casi todo Salvador. Es cierto que este gobierno ha engañado a todos los españoles respecto al programa electoral. Dijeron que no iban a subir el IVA (mentira), reducir la prestación por desempleo (mentira), bajar el sueldo a los funcionarios (mentira, la mayoria son mileuristas), y un largo etc. ¿Por qué no un impuesto a las grandes fortunas de este pais? ¿Por qué una anmistía a los grandes defraudadores? ¿Por qué los directivos de cajas de ahorro/bancos se jubilan con pensiones escandalosas? En fin para que seguir. Pero creo que deberiamos darnos cuenta que Zapatero nos ha dejado como herencia un pais absolutamente arruinado.
Hace 4 años negaba categoricamente que España estuviera en crisis, gastando lo que no teniamos en subvenciones a diestro y siniestro, comprando a los sindicatos, aliándose con repúblicas bananeras en detrimento de EEUU (tradicional aliado). Resultado: política internacional nefasta, sistema financiero absolutamente quebrado (el tio se atrevió a decir que era la envidia del mundo). Ahora vive en un retiro dorado como sus exministros (algunos en la privada y cobrando de la publica) como en el PP. Como la administracion paralela que creó Griñan para enchufar a los afines al partido. Un pais con más de 5000000 de parados (insostenible, ¿qué hacían los sindicatos?) En fin se acabó la fiesta y la barra libre y ahora toca pagar lo que no tenemos, ¿adivinas quién tiene que hacerlo?

Las Cosas dijo...

Me temo que Rajoy y todos los dirigentes de todos los poderes públicos son meros Consejeros delegados del verdadero poder: el Dinero. Poderoso caballero es que siempre ha hecho sufrir a multitudes... Si uno se esfuerza, y aguza la vista, casi puede llegar a ver los hilitos que, tensos, salen desde las muñecas y los tobillos de los gobernantes... Allá arriba, donde la cámara no enfoca ni llega el micro, estén el euro, el dólar, el petróleo... Eso pienso...

Anónimo dijo...

Personalmente la clase política española no me merece ningún respeto salvo el que exigen las normas de urbanidad. Rajoy ha engañado a su electorado y al resto de los españoles.Lo mismo hizo Zapatero al negar la crisis, rebajar los sueldos a los trabajadores públicos o empezar a eliminar prestaciones sociales.Aquí en Andalucía ha ocurrido lo mismo con Valderas y Griñán. Está claro que se ríen de nosotros, ni siquiera son capaces de pedir disculpas. Siento asco al ver como la niñata Fabra o la Cospedal nos chulean.
En España hay una lacra histórica con respecto al poder. Los ingleses se cargaron a un rey tirano con Cromwell . Los franceses hicieron lo mismo con Luis XVI. Aquí nada. Cuando Alfonso XIII se tuvo que largar lo hizo escoltado por militantes de la UGT y con honores militares en el puerto de Cartagena.El propio Franco murió en la cama de un hospital...siendo los opositores al regimen una minoría.
Hay una sumisión al poder en este país tremendo.Si esta misma situación hubiese ocurrido en el Reino Unido o en Francía me temo que más de un político hubiese tenido que largarse de inmediato.
Aquí nos chuelean, nos mienten,se rien de nosotros,enchufan a sus familiares sin ningún pudor y no pasa nada. No hay ética ni en la derecha ni en la izquierda.
Es hora de que la sociedad civil se rebele y cree nuevas alternativas a un sistema corrupto que ha arruinado al país.Quizá haya que empezar a salir a la calle y rebelarse como lo han hecho mis queridos griegos. Por lo menos que nos oigan.

ANTÍPODAS

Argax dijo...

Totalmente de acuerdo. No se puede permitir que alguien disfrute de un poder otorgado por el pueblo y no cumpla su palabra. Está donde está porque se le voto para crear o mejorar el bienestar de TODOS los españoles y queda claro con sus actuaciones y promesas incumplidas que sirve a todos menos a los que debe.
Hay que conseguir que se vaya.