lunes, junio 04, 2012

Correr

En los tiempos que corren, nunca mejor dicho, hay dos tipos de personas: a las que les gusta correr y a las que no.

Los segundos suelen utilizar los argumentos de que prefieren el deporte de equipo, que el hecho de correr es aburrido, de cobardes o que, sin más rodeos, no les gusta dar un palo al agua; los primeros, en cambio, entendemos la carrera como un dificultoso placer inexcusable.

A mí, que me gusta pasar grandes ratos corriendo, me ocurrirá como a buen número de personas, que encuentras diez mil motivos para no lanzarte a la calle, pero esa lucha la acaba ganando muchas veces la voluntad de tomar las zapatillas de deporte y ponerte a ello.

Es duro correr. Es un ejercicio en el que lo mental tiene mucho que ver. Eres tú contra ti mismo y ésa es su principal virtud y perversión. Es difícil, sin embargo, no alegrarse de haberlo hecho una vez que te has dado una ducha tras haber cumplido con el reto.

Es un deporte que te pone frente a frente con tu naturaleza, que te permite reencontrarte con tu capacidad de sufrimiento pero que, al mismo tiempo, transforma el esfuerzo en algo placentero. En uno está la habilidad de conseguir pasar esos minutos utilizando la mente de forma inteligente, no dejando que ella te convenza, a partir del sufrimiento que el cuerpo le transmite, de abandonar, reducir, aminorar o no cumplir con tu objetivo. Y la mente, cuando se pone villana, te llama tonto, te dice repelente, te ofrece pasteles, cervezas y sofás inmensos donde ver películas, te muestra lugares blancos con aire acondicionado y manjares suculentos para hacerte claudicar.

Correr te permite cuidar tu cuerpo, sin duda, y un cuerpo sano es sinónimo de vitalidad; pero además te ofrece, cada vez que te enfrentas al espacio abierto de los kilómetros por recorrer, un desafío de empeño, retándote a no sucumbir.

Es, por igual, sufrido y reconfortante, pero gana el resultado final, la satisfacción del esfuerzo.

En mi vida me he cruzado con mucha gente y, a día de hoy, puedo afirmar que el entusiasmo por este deporte viejo como el hombre no es contagioso: Si no te gusta, no hay nada que hacer.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi me gusta, pero a mis rodillas no. Por eso me veo obligado a compaginarlo con la bici, que tampoco está mal.

Salu2
Fernando

Anónimo dijo...

baoA ver , aquí solo planteas dos opciones los que corren o los que no, ¡excluyente eres! ¿no?. La satisfacción de la ducha… Y que me dices de la satisfacción de triunfar en equipo..porque eso de luchar contra si mismo..de superarse a si mismo de ganarse a si mismo …puede ser un argumento de perdedores que no quieren competir. Todo el que es malo en algo dice que lucha contra si mismo…¡claro así nunca pierde el tío!.porque si alguien te gana eres tu, y el “tío” se va contento a dormir. Pero llega un día en que tu yo , mas viejo ya , empieza a perder contra ese “tu mismo”, y tu no te das cuenta de eso ,y empiezas a ofuscarte y a torturarte sicológicamente. Y ves de que lo importante en la vida es compartir con los demás, ya sea tu trabajo , tu ocio, tu deporte…¡da igual! .
¡Ojo con la soledad del corredor!... ¡la odio! ..¡se de lo que hablo!..¡`Nunca camines solo!...me da igual ver a esos tíos de la roja que se van a llevar 3000.000 euros cada uno si ganan la Eurocopa, si eso, entre otras cosas, nos ayuda a impulsar esta p…ta tierra que se llama España (y no soy nacionalista) a conseguir dar a nuestros hijos lo que nosotros anhelábamos hace 20 años, y que ahora hemos perdido. Correr…je,je,je…correr era estar delante de los “grises” cuando en este país no había ni el más mínimo atisbo de libertad. ¡Entonces correr no era de cobardes! No era cuestión de quedarse en el sofá o no (se ve que España avanzado algo, aparte del futbol)

Saludos
Mongeront

Mycroft dijo...

No se preocupe,su gramática y sintaxis nos dice que es usted un runner