sábado, septiembre 10, 2011

Saber estar

Todo ser humano va marcando su destino sin saberlo a partir de reglas creadas internamente de forma más o menos consciente y que le hacen ir por la vida con rumbos diferenciados.

Hay, en mí, un modelo de conductas que me atrae de los demás. Que me motiva, por tanto, a ponerme siempre en cuestión. Mi padre tiene mucho que ver en esa admiración por la gente que siempre sabe estar en su sitio, con hidalguía y humildad.

Cuando los conflictos aparecen hay muchas maneras de afrontarlos. Los conflictos, en mayor o menor grado, nos buscan a diario.

Soy partidario de atajar los problemas de frente, sin escorzos que nos hagan sortearlos para que luego aparezcan, más fuertes, como un boomerang.

Pienso que las actitudes son mejorables siempre, que no nos podemos escudar en el 'yo soy así' para eternizar nuestros defectos. Pienso, de igual modo, que la actitud óptima para afrontar los retos diarios debe venir dada por el saber estar.

No perder la calma, no reprochar a gritos, no decir más de lo necesario ni agredir para luego pedir perdón.

Saber estar es considerar siempre a tu interlocutor como tan válido como tú. Ser humilde y transmitir, mirando a los ojos, que todo es solucionable.

Hace unos días se fue de la fábrica de Sevilla un alto ejecutivo de Renault para continuar su carrera profesional en Francia. A pesar de sus responsabilidades, nunca dejó de ser una persona afable hasta con el operario recién contratado o el empleado de la limpieza.

Saber estar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Salva, ya lo dijo Aristóteles en su Ética a Nicómano, pero qué difícil es practicarlo "Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo".

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