sábado, septiembre 24, 2011

Paciencia

En una entrevista publicada al célebre director de cine mexicano Arturo Ripstein, éste se lamenta de la pérdida de paciencia colectiva e individual que representa a pasos forzados la irrupción de la era digital.

Esta reflexión, que yo comparto plenamente, junto con otras que se hacen eco de los cambios en nuestra sociedad a resultas de los avances tecnológicos, no pueden ser interpretadas como un freno al progreso o miedo a evolucionar, sino como todo lo contrario. Son mensajes que vienen de intelectuales que no hacen sino pensar en voz alta acerca de los caminos inescrutables a que nos vemos abocados con esta aceleración exponencial en usos diarios a que nos vemos sometidos.

Cuando se habla de pérdida de la capacidad de ser pacientes parecería que se refiriese a sensaciones abstractas y subjetivas, pero es cierto que ese razonamiento se puede concretar en muchas de nuestras actividades habituales que nos hacen perder determinados valores adquiridos por el ser humano a lo largo de los siglos.

Mi miedo es ése, el no dominar el miedo extendido a perder el tiempo que se instala en nuestra conciencia colectiva.

Quizás se hagan estudios para comprobar cómo nuestro cerebro comienza a entender los segundos como más cortos y los meses como semanas, porque todo va rápido; y si no va lo suficientemente veloz, lo aceleramos.

Queremos la información al instante, las respuestas a los mensajes inmediatas y eso hace que nos quitemos tiempo para la sana constumbre que implica la espera.

Nuestros anhelos de comunicación se pueden llegar a convertir en enfermizos y absurdos.

Hay una práctica sana, pienso yo, que tiendo a ejercitar. Que la tecnología no controle mis ritmos, a base de dejar reposar los mensajes y sms en la memoria de mi cerebro y responder a ellos con calma y dedicación cuando así lo merezcan.

Esperar a quedar para darme un paseo para contarle a alguien cómo me va la vida es mucho más hermoso que acumularlo todo en 3 mensajes de móvil.

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