viernes, abril 02, 2010

Paolo

El azar y la buena suerte me llevaron a dar con Paolo a los pocos días de llegar a París, en una misión laboral de tres años acordada con mi empresa.

Italiano algo mayor que yo, llegado a la ciudad por un amor que ya había terminado, traductor freelance como oficio, experto en historia de Egipto y 15 metros cuadrados en el barrio de Les Halles.

Quedábamos cualquier día de la semana para tomar vinos. Escuchábamos con atención todo lo que nos contábamos. Yo le proponía museos, cenas, viajes... y todo le parecía bien. Cada visita de familia o de amigos de España que venía, hacía migas con Paolo y quedaban encantados.

Si le llamaba para ir a visitar Orleans, a él le parecía fantástico, pero si se truncaban los planes él veía una oportunidad para dormir una siesta maravillosa.

Con Paolo no había problemas. Lo bueno y lo malo, todo venía bien.

Era un ejemplo vital para mí. Yo quería ser como él, quería 'paolizarme'.

Recuerdo que, a partir de una noticia leída en el periódico, descubrí que Carmen Maura, actriz fetiche para mí, vivía no muy lejos de mi apartamento parisino. Investigué y conseguí su teléfono. La llamé, inocente, para invitarle a cenar en casa. Pero siempre salía el contestador. Era ella. Hola, soy Carmen, ahora no estoy en casa pero te devolveré la llamada... Llamé muchas veces antes de contárselo a Paolo, que me pidió hacer un nuevo intento delante suya. Él tomó mi móvil y, ni corto ni perezoso, le propuso al contestador:

'Hola Carmen, soy Paolo, llámame...' y a continuación le daba su teléfono en francés.

Nunca lo llamó (que yo sepa).

Cada primavera venía conmigo a Sevilla. No se perdía una Feria, conoció la Semana Santa. Sabía en qué bares de Sevilla ponían cada tapa, hizo migas con todas mis amistades, con mis hermanas, las madres de mis amigas la querían como futuro yerno...

Un día, paseando por París, me contó durante horas la historia de Akhenaton, el primer faraón que intentó imponer un único dios al pueblo. Enlazaba todo con tal fluidez que recuerdo esa tarde otoñal en París como deliciosa.

Eran las tres de la mañana cuando me despertó el móvil. Varios mensajes seguidos, indescifrables. Venían de Paolo. Lo llamé al día siguiente, y durante varios días, sin poder dar con él.

Un mes después me llamó para decirme que un amigo suyo se asustó por haber recibido muchos mensajes en 'egipcio' y llamó a una ambulancia. Se lo llevaron con camisa de fuerza y así lo tuvieron un mes. Yo le confesé haber recibido también esos mensajes. Lo imaginé emporrado hasta las trancas, volando por su estudio de 15 metros cuadrados en comunión con Akhenaton y las momias no lejanas del Louvre.

La última Feria que estuvo en Sevilla yo no sabía dónde meterme. A cada palabra que hablaba trataba de buscarle sus orígenes en Grecia o Roma, salía de copas con los cascos puestos y bailando a Madonna en medio de un bar de tapas, se maquillaba como un faraón para, según él, no infectarse los ojos.

Yo le dije que no podía seguir así con él.

Entonces Paolo me dio la explicación: Salva, hermano mío, tú sabes que yo soy de otro planeta...

Hice un esfuerzo, años después, por quedar con él en París. Yo iba con Mariángeles y Fran, que me animaron a hacer un último intento.

Pero Paolo ya estaba en esos mundos hermosos donde Akhenaton predica que el mundo es fantástico, maravilloso...

Me asusta pensar qué es de él.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué pena no haber conocido a aquel Paolo vital, agradable, alegre y cabal.

Estas personas que transmiten VIDA deberían de vivir por siempre...

¡Felicidades por la próxima publicación de "No te supe perder"!

Una propuesta musical: "Los habitantes" de Bunbury. Tema con efecto liberador y el solo de eléctrica de Alvaro Suite es sencillamente espectacular.

Un saludo helado desde Trevélez
Rivo

Anónimo dijo...

Otro Alonso Quijano transformado en Quijote...






ANTÍPODAS

nosequé dijo...

¿Por qué te da miedo?
No te querías Paolizar ¿y ahora?
Si valía antes, ahora a lo mejor más.
Ha hecho una elección, tal vez no la mejor, pero por eso es Paolo.