sábado, marzo 06, 2010

Brillante

Es una discusión que he tenido y mantendré en el futuro porque la considero esencial, en términos laborales pero no sólo, acerca de las estrategias para llegar lejos.

En este mundo tan competitivo, donde se valora con admiración o envidia a quien posee y al que tiene poder, no hay atajos 'sanos' para hacerse un hueco entre los triunfadores. Si por triunfador se entiende, en este caso, el que desarrolla una carrera profesional fuerte, exitosa, en que llega a sentirse realizado como persona y como gestor, líder, emprendedor, ejecutivo o especialista en cualquier campo.

El único camino es la brillantez.

Ser brillante no implica una acumulación de conocimientos bien estructurados, ésa es una mínima parte de la clave del éxito. Brillantes en cuanto a tu trato con tus compañeros, jefes o subordinados, en el sentido más exquisito de la palabra, sin hipocresías. Saber estar, decir que sí y decir que no, escuchar al otro, aceptar la crítica y aplicar a tu filosofía los consejos venidos de personas de confianza, sin resquemores. Un trabajador brillante es aquél que da el mínimo problema a su jefatura, sólo cuando su concurso es necesario o justo, y que atiende a su equipo con la humanidad con la que a ti te gustaría que te tratasen. Ser brillante es ser organizado, cumplidor, trabajar en la misma línea que tu equipo y que tu empresa, compartir objetivos y defenderlos.

Los atajos son malos consejeros, porque cuando se utilizan indebidamente ya no queda más remedio que andar el resto de tu trayectoria laboral mirando hacia abajo, no vaya a ser que un agujero negro te devuelva, por sorpresa, un poco más atrás del camino que estabas empezando a andar cuando decidiste aparentar ser, sin creértelo y forzadamente, brillante.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Brillo del bueno, que te conmueve hasta el tuétano hubo el día 6 de Marzo en un rinconcito a la vera del Guadalquivir. Lo que nos queda al final del trayecto no es el brillo laboral, ni siquiera el social. Lo que nos queda es el brillo de los sentimientos que emana del corazón. Mil gracias por dejarnos compartir, no solo el brillo (algo deslumbrante pero al fín y al cabo somero), mil gracias, reitero, por hacernos partícipes de una cálida luz que irradiabáis, haciendo luminosa una lluviosa noche de invierno, Gracias. Un inabarcable abrazo,
M. Dufour.

Anónimo dijo...

Por desgracia en este país el trabajador brillante recibe todo tipo de zancadillas y hostilidades desde las envidias de los mediocres (tanto "compañeros" como "jefes").
Así, por desgracia en este país, los brillantes están hoy en paro forzoso mientras los mediocres lo "gobiernan".
Sé muy bien de lo que escribo.