martes, febrero 02, 2016

Exigencia

Lo hermoso y dramático del vivir es que no hay períodos de prueba ni somos intercambiables. Observamos a los que nos rodean y sentimos sus ojos puestos en nosotros, pero seguimos nuestro camino a base de decisiones unipersonales más o menos condicionadas por el entorno.

Sería fantástico tener la posibilidad de alquilar por cierto tiempo el interior de otros, ponerte sus capuchas humanas y mirar en el espejo a los ojos con los ojos de quien no eres tú, cercano o no, pudiendo disfrutar de ese mundo distinto; permitirte olvidar, aunque fuese por un instante, tu cara de siempre, tus gestos y obsesiones, las exigencias acumuladas, los proyectos futuros y las restricciones asumidas.

Sentir en propia carne las imperfecciones ajenas tan solo por calibrarte, disfrutar con situaciones simples que dejaste de valorar en el vacío de los tiempos. Abandonar tu cuerpo y circunstancias para regalarlas a otro por el tiempo suficiente para que esa persona entienda el porqué de tus indecisiones.

No. No hay posibilidades de intercambiar el alma, no hay juegos mágicos en que escapar de ti para saber cómo de bien lo estás haciendo, si has sabido exprimir todos los valores con los que la vida te ha regalado, si los colores se ven igual desde otros ojos, si los demás también sienten que en los sueños está la clave de las cosas, cómo de insano resulta exponerse tanto al mundo, hasta qué punto tu forma de exigirte ser mejor persona es excesiva o no eres más que otro mediocre más que no se entera de la misa la media.

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