miércoles, mayo 28, 2014

Chicle

Íbamos paseando por la Avenida y vimos cómo un chaval, saliendo con prisas de la Fnac, se sacaba un chicle de la boca y lo tiraba a una papelera, lo que me hizo pensar en el placer que me provocan los comportamientos educados.

Sin embargo, alguien que me acompañaba, y que no escuchaba mis pensamientos, sentenció:

-¡Guarro!

Le pregunté, con la mirada, extrañado.

-Y se va tan pancho -insistió.

Mi amigo entendía como poco higiénico enredar la bolsa de plástico recién puesta en la papelera con un chicle, sin apreciar virtud en el hecho de no arrojarlo al suelo.

Al mismo tiempo dos personas cabales, ante un mismo acto, simple, habíamos reaccionado de forma diametralmente opuesta.

Si frente a situaciones tan tontas dos personas civilizadas y cercanas se posicionan en el blanco y en el negro, fácil es imaginar la dificultad que encuentra el ser humano en encontrar consensos.

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